Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 43

1 Ahora, así dice Yahveh tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel. «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.

2 Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti.

3 Porque yo soy Yahveh tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. He puesto por expiación tuya a Egipto, a Kus y Seba en tu lugar

4 dado que eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo. Pondré la humanidad en tu lugar, y los pueblos en pago de tu vida.

5 No temas, que yo estoy contigo; desde Oriente haré volver tu raza, y desde Poniente te reuniré.

6 Diré al Norte: "Dámelos"; y al Sur: "No los retengas", Traeré a mis hijos de lejos, y a mis hijas de los confines de la tierra;

7 a todos los que se llamen por mi nombre, a los que para mi gloria creé, plasmé e hice.»

8 Haced salir al pueblo ciego, aunque tiene ojos, y sordo, aunque tiene orejas.

9 Congréguense todas las gentes y reúnanse los pueblos. ¿Quién de entre ellos anuncia eso, y desde antiguo nos lo hace oír? Aduzcan sus testigos, y que se justifiquen; que se oiga para que se pueda decir: «Es verdad.»

10 Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y mi siervo a quien elegí, para que me conozcáis y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá.

11 Yo, yo soy Yahveh, y fuera de mí no hay salvador.

12 Yo lo he anunciado, he salvado y lo he hecho saber, y no hay entre vosotros ningún extraño. Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y yo soy Dios;

13 yo lo soy desde siempre, y no hay quien libre de mi mano. Yo lo tracé, y ¿quién lo revocará?

14 Así dice Yahveh que os ha rescatado, el Santo de Israel. Por vuestra causa he enviado a hacer caer todos sus cerrojos de las prisiones de Babilonia, y se volverán en ayes los hurras de los caldeos

15 Yo, Yahveh vuestro Santo, el creador de Israel, vuestro Rey.

16 Así dice Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas.

17 El que hizo salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron.

18 ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo?

19 Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo.

20 Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido.

21 El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas.

22 Tú no me has invocado, Jacob, porque te has fatigado de mí, Israel.

23 No me has traído tus ovejas en holocausto ni me has honrado con tus sacrificios. No te obligué yo a servirme con oblación ni te he fatigado a causa del incienso.

24 No me has comprado cañas con dinero ni con la grasa de tus sacrificios me has saciado; hasta me has convertido en siervo con tus pecados, y me has cansado con tus iniquidades.

25 Era yo, yo mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus pecados.

26 Házmelo recordar y vayamos a juicio juntos, haz tú mismo el recuento para justificarte.

27 Pecó tu primer padre y tus intérpretes se rebelaron contra mí.

28 Destituía los príncipes de mi santuario; por eso entregué a Jacob al anatema y a Israel a los ultrajes.

Reflexión del capítulo 43

El capítulo cuadragesimotercero es una de las páginas más entrañables del libro. El Señor se dirige a su pueblo con palabras de una ternura infinita: le pide que no tema, porque lo ha rescatado, lo ha llamado por su nombre y le pertenece. Añade una promesa para los momentos de prueba: si atraviesas las aguas, estaré contigo; si cruzas los ríos, no te ahogarás; si caminas por el fuego, no te quemarás. No promete ausencia de peligros, sino presencia en medio de ellos. El fundamento de esa seguridad no es la fuerza del pueblo, sino el amor de Dios: porque eres precioso a mis ojos, porque te amo, doy hombres por ti. Después el Señor anuncia que reunirá a sus hijos de todos los puntos cardinales, y llama a su pueblo a ser testigo: vosotros sois mis testigos y mi siervo que he elegido, para que sepáis y creáis en mí. Y concluye con una afirmación desconcertante por su gratuidad: yo, yo mismo borro tus rebeldías por amor a mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. El capítulo enseña que la salvación nace del amor gratuito de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos sostiene en la prueba. La tradición cristiana leyó el paso por las aguas como figura del bautismo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Nombra hoy la prueba que estás atravesando —agua, río o fuego— y escucha la promesa de que Dios camina contigo en medio de ella, no solo al final. Reza tu propio nombre delante de él, sabiéndote conocido y amado. Y vive como testigo: que alguien pueda ver en tu manera de atravesar la dificultad que Dios es fiel. No estás solo en la prueba: el que te llama por tu nombre va contigo.

Oración

Señor, tú me has rescatado y me has llamado por mi nombre. Cuando atraviese las aguas y camine por el fuego, quédate conmigo. Gracias porque me amas y borras mis culpas. Que sea tu testigo fiel. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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