Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 19 de 66Capítulo 19
1 Oráculo contra Egipto. Allá va Yahveh cabalgando sobre nube ligera y entra en Egipto, se tambalean los ídolos de Egipto ante él y el corazón de Egipto se derrite en su interior.
2 Revolveré a egipcios contra egipcios, peleará cada cual con su hermano, y cada uno con su compañero, ciudad contra ciudad, reino contra reino.
3 Se trastornará el espíritu de Egipto en su interior, y sus planes anularé. Consultarán a los ídolos, a los brujos, a los nigromantes y los adivinos.
4 Entregaré a Egipto en manos de un señor duro, y un rey cruel los dominará - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
5 Se desecarán las aguas del mar, y el Río se secará y quedará seco; hederán los ríos,
6 menguarán y se secarán los canales de Egipto. La caña y el junco se marchitarán.
7 Los prados junto al canal, junto al borde del canal, y todo sembrado del canal se secarán, serán aventados y desaparecerán.
8 Gemirán los pescadores, y se lamentarán todos los que echan en el canal anzuelo; y los que extienden red sobre las aguas, languidecerán.
9 Estarán confusos los que trabajan el lino, cardadoras y tejedores palidecerán.
10 Estarán sus tejedores abatidos, todos los jornaleros desanimados.
11 En verdad, están locos los príncipes de Soán, los sabios consejeros de Faraón forman un estúpido consejo. ¿Cómo decís a Faraón: «Hijo de sabios soy, hijo de reyes antiguos?»
12 Pues entonces, ¿dónde están tus sabios? Que te manifiesten, pues, y te hagan conocer lo que ha planeado Yahveh Sebaot tocante a Egipto.
13 Han enloquecido los príncipes de Soán, han sido engañados los príncipes de Nof; los jefes de sus tribus extravían a Egipto.
14 Yahveh ha infundido en ellos espíritu de vértigo que hace dar tumbos a Egipto en todas sus empresas, como se tambalea el ebrio en su vomitona.
15 Y no le sale bien a Egipto empresa alguna que haga la cabeza o la cola, la palmera o el junco.
16 Aquel día será Egipto como las mujeres. Temblará y se espantará cada vez que Yahveh Sebaot menee su mano contra él.
17 El territorio de Judá será la afrenta de Egipto: cada vez que se lo mienten, se espantará ante los planes que Yahveh Sebaot está trazando contra él.
18 Aquel día habrá cinco ciudades en tierra de Egipto que hablarán la lengua de Canaán y que jurarán por Yahveh Sebaot: Ir Haheres se llamará una de ellas.
19 Aquel día habrá un altar de Yahveh en medio del país de Egipto y una estela de Yahveh junto a su frontera.
20 Estará como señal y testimonio de Yahveh Sebaot en el país de Egipto. Cuando clamen a Yahveh a causa de los opresores, les enviará un libertador que los defenderá y librará.
21 Será conocido Yahveh de Egipto, y conocerá Egipto a Yahveh aquel día, le servirán con sacrificio y ofrenda, harán votos a Yahveh y los cumplirán.
22 Yahveh herirá a Egipto, pero al punto le curará. Se convertirán a Yahveh, y él será propicio y los curará.
23 Aquel día habrá una calzada desde Egipto a Asiria. Vendrá Asur a Egipto y Egipto a Asiria, y Egipto servirá a Asur.
24 Aquel día será Israel tercero con Egipto y Asur, objeto de bendición en medio de la tierra,
25 pues le bendecirá Yahveh Sebaot diciendo: «Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asur, y mi heredad Israel.»
Reflexión del capítulo 19
El capítulo decimonoveno es uno de los oráculos más sorprendentes del libro. Comienza anunciando la ruina de Egipto: el Señor cabalga sobre una nube ligera y entra en el país, los ídolos se tambalean, y el profeta describe una nación desgarrada por la guerra civil, donde un hermano lucha contra su hermano y una ciudad contra otra. Los sabios y los consejeros de Egipto quedan confundidos, y el país cae bajo un amo duro. Pero en la segunda parte el texto da un giro inesperado: en aquel día habrá un altar al Señor en medio de Egipto, y los egipcios invocarán su nombre, y él los escuchará y los sanará. Más aún, se anuncia que Egipto, Asiria e Israel, los tres enemigos históricos, serán juntos una bendición, y Dios llamará a Egipto «mi pueblo» y a Asiria «obra de mis manos». Es una de las afirmaciones más audaces del Antiguo Testamento sobre la universalidad de la salvación: el Dios de Israel no es propiedad de un solo pueblo, y los antiguos opresores pueden convertirse en hermanos. La Iglesia leyó aquí un anuncio de que la gracia alcanza a todas las naciones.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa en un pueblo, una cultura o un grupo que hayas considerado enemigo o inferior. Pide a Dios que los mire como suyos y cambia tu manera de hablar de ellos. Reza hoy por la reconciliación entre dos bandos enfrentados, en tu familia, tu trabajo o el mundo, y sé tú puente donde puedas. Dios no tiene pueblos favoritos: tiene hijos en todas partes.
Oración
Señor, tú eres el Dios de todos los pueblos y tu misericordia no tiene fronteras. Sana las divisiones que enfrentan a los hombres y enséñame a mirar como hermanos a quienes considero distintos. Que mi corazón sea tan universal como el tuyo. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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