Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 15 de 66Capítulo 15
1 Oráculo sobre Moab. Porque de noche ha sido saqueada, Ar Moab ha perecido Porque de noche ha sido saqueada, Quir Moab ha perecido.
2 Subía la hija de Dibbón a los oteros llorando: sobre el Nebo y sobre Medba Moab ulula. En todas sus cabezas, calvicie; toda barba, raída.
3 En sus calles se han ceñido sayal, sobre sus azoteas y en sus plazas todo el mundo ulula, baja llorando.
4 Gritaban Jesbón y Elalé, hasta Yahas se oía su voz. Por eso los guerreros de Moab tiemblan, su alma le tiembla dentro.
5 Su corazón por Moab clama, sus fugitivos van hasta Soar (Eglat Selisiyyá). ¡La cuesta de Lujit la suben llorando, y por el camino de Joronáyim dan gritos desgarrados!
6 ¡Las aguas de Nimrim son un sequedal, y se ha secado la hierba, se agostó el césped, no hay verdor!
7 Por eso hicieron ahorros... y sus reservas allende el arroyo de los Sauces se las llevan.
8 ¡Los gritos han rodeado las fronteras de Moab; hasta Egláyim llega su ulular, en Beer Elim su ulular!
9 ¡Las aguas de Dimón van llenas de sangre! ¡Aún más añadiré sobre Dimón! ¡Contra los escapados de Moab, y contra los que queden en su suelo un león!
Reflexión del capítulo 15
El capítulo decimoquinto es un lamento sobre Moab, el pueblo vecino de Judá al otro lado del mar Muerto. Sus ciudades caen en una sola noche, y el profeta describe el llanto que recorre el país: todos llevan la cabeza rapada y la barba cortada, se visten de saco, y hasta los guerreros gritan con el alma deshecha. Isaías no se limita a anunciar la desgracia: la llora con ellos. Su corazón se conmueve y clama por Moab, y sus fugitivos huyen hasta las fronteras buscando salvar la vida. Es sorprendente que un profeta de Israel se duela así de un pueblo extranjero y enemigo. Eso revela algo hondo de la mirada de Dios: la compasión no se limita a los propios, y el sufrimiento de cualquier pueblo le importa al Señor. El lamento enseña también que la arrogancia y la prosperidad sin justicia no protegen de la ruina. Pero, sobre todo, el capítulo muestra un corazón profético capaz de llorar por el adversario. La tradición cristiana leyó aquí un anticipo de la compasión universal de Cristo, que se conmovía ante el dolor de todos y enseñó a amar incluso al enemigo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa hoy en alguien que consideras de otro bando: otra familia, otra ideología, otro país, alguien que te ha hecho daño. Reza por esa persona y pide a Dios un corazón capaz de compadecerse de su sufrimiento. La compasión no niega la verdad, pero ensancha el corazón. Rezar por quien no nos cae bien es el primer paso del amor al enemigo.
Oración
Señor, dame un corazón que se conmueva ante el dolor ajeno, incluso el de quien considero adversario. Quita de mí la indiferencia y enséñame a compadecerme como tú lo haces. Hazme artesano de misericordia. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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