Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 32

1 He aquí que para hacer justicia reinará un rey, y los jefes juzgarán según derecho.

2 Será cada uno como un sitio abrigado contra el viento y a cubierto del temporal; como fluir de aguas en sequedal, como sombra de peñón en tierra agostada.

3 No se cerrarán los ojos de los videntes, y los oídos de los que escuchan percibirán;

4 el corazón de los alocados se esforzará en aprender, y la lengua de los tartamudos hablará claro y ligero.

5 No se llamará ya noble al necio, ni al desaprensivo se le llamará magnífico.

6 Porque el necio dice necedades y su corazón medita el mal, haciendo impiedad y profiriendo contra Yahveh desatinos, dejando vacío el estómago hambriento y privando de bebida al sediento.

7 Cuanto al desaprensivo, sus tramas son malas, se dedica a inventar maquinaciones para sorprender a los pobres con palabras engañosas, cuando el pobre expone su causa.

8 Mientras que el noble medita nobles cosas, y en las cosas nobles está firme.

9 Mujeres indolentes, ¡arriba!, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi palabra.

10 Dentro de un año y algunos días temblaréis las que confiáis, pues se habrá acabado la vendimia para no volver más.

11 Espantaos, indolentes, temblad, confiadas, desvestíos, desnudaos, ceñid vuestra cintura,

12 golpeaos el pecho, por los campos atrayentes, por las viñas fructíferas.

13 Sobre el solar de mi pueblo zarza y espino crecerá, y también sobre todas las casas de placer de la villa alegre,

14 porque el alcázar habrá sido abandonado, el genio de la ciudad habrá desaparecido; Ofel y el Torreón quedarán en adelante vacíos por siempre, para delicia de asnos y pastizal de rebaños.

15 Al fin será derramado desde arriba sobre nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel, y el vergel será considerado como selva.

16 Reposará en la estepa la equidad, y la justicia morará en el vergel;

17 el producto de la justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad perpetua.

18 Y habitará mi pueblo en albergue de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas.

19 - La selva será abatida y la ciudad hundida.

20 Dichosos vosotros, que sembraréis cabe todas las corrientes, y dejaréis sueltos el buey y el asno.

Reflexión del capítulo 32

El capítulo trigesimosegundo anuncia el reinado de un rey justo. Sus príncipes gobernarán con derecho, y cada uno será como un refugio contra el viento y un abrigo contra la tormenta, como corrientes de agua en tierra seca y como la sombra de una gran roca en un desierto. Es la imagen de un poder que protege en lugar de oprimir. Después el profeta anuncia que se derramará sobre el pueblo un espíritu desde lo alto, y entonces el desierto se convertirá en campo fértil y el campo fértil parecerá selva. El derecho habitará en la estepa y la justicia morará en el huerto; y el fruto de la justicia será la paz, y el efecto de la justicia, tranquilidad y confianza para siempre. Es uno de los textos que mejor unen justicia, paz y descanso. Pero antes, el capítulo advierte que la ciudad orgullosa quedará desierta, porque la conversión es condición de la promesa. El capítulo enseña que la paz duradera no se construye con armas sino con justicia, y que solo el Espíritu de Dios puede transformar un corazón estéril en tierra fértil. La tradición cristiana leyó la efusión del Espíritu y el reinado del rey justo como anuncio del Reino de Cristo y de Pentecostés.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Pide hoy al Espíritu Santo que haga fértil alguna zona estéril de tu vida: una relación seca, un trabajo sin sentido, una rutina apagada. Y trabaja por la justicia en algo concreto, sabiendo que ella es la raíz de la paz. Si quieres paz en tu casa o en tu entorno, empieza por ser justo, porque sin justicia no hay paz que dure.

Oración

Señor, derrama tu Espíritu sobre mi vida seca y conviértela en tierra fértil. Reina en mí con justicia, para que tu paz eche raíces profundas y mi corazón descanse en ti para siempre. Hazme constructor de tu Reino de justicia. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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