Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 46

1 Bel se desploma, Nebó se derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de carga; llevados como fardos sobre un animal desfallecido.

2 Se derrumbaron, se desplomaron todos, no pudieron salvar la carga; ellos mismos van cautivos.

3 Escuchadme, casa de Jacob, y todos los supervivientes de la casa de Israel, los que habéis sido transportados desde el seno, llevados desde el vientre materno.

4 Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os llevaré. Ya lo tengo hecho, yo me encargaré, yo me encargo de ello, yo os salvaré.

5 ¿A quién me podréis asemejar o comparar? ¿A quién me asemejaréis para que seamos parecidos?

6 Sacan el oro de sus bolsas, pesan la plata en la balanza, y pagan a un orfebre para que les haga un dios, al que adoran y ante el cual se postran.

7 Se lo cargan al hombro y lo transportan, lo colocan en su sitio y allí se queda. No se mueve de su lugar. Hasta llegan a invocarle, mas no responde, no salva de la angustia.

8 Recordad esto y sed hombres, tened seso, rebeldes,

9 recordad lo pasado desde antiguo, pues yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios, no hay otro como yo.

10 Yo anuncio desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a cabo.

11 Yo llamo del Oriente un ave rapaz de un país lejano al hombre en quien pensé. Tal como lo he dicho, así se cumplirá; como lo he planeado, así lo haré.

12 Escuchadme vosotros, los que habéis perdido el corazón, los que estáis alejados de lo justo.

13 Yo hago acercarse mi victoria, no está lejos, mi salvación no tardará. Pondré salvación en Sión, mi prez será para Israel.

Reflexión del capítulo 46

El capítulo cuadragesimosexto presenta un contraste inolvidable. Los ídolos de Babilonia, Bel y Nebo, son cargados sobre animales y carretas, y se doblan y caen bajo el peso: son dioses que hay que llevar, que pesan y no salvan. Frente a ellos, el Señor declara algo completamente distinto: yo te he llevado desde el vientre materno, te he sostenido desde que naciste; él será el mismo cuando envejezcan, y los seguirá llevando hasta la ancianidad. La diferencia es radical: los ídolos son una carga que el hombre debe transportar, mientras que Dios es quien carga con su pueblo. Después el profeta ridiculiza a los que gastan oro en fabricar un dios al que luego se postran y le piden ayuda sin recibir respuesta. Y anuncia que Dios traerá del oriente un ave de presa, Ciro, para cumplir su designio, y que su salvación no se retrasará. El capítulo enseña que la verdadera religión no consiste en cargar a Dios como un peso, sino en dejarse llevar por él, que nos sostiene desde el nacimiento hasta la vejez. La tradición cristiana leyó esta imagen como un anuncio del amor fiel de Dios, que nunca abandona a sus hijos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina qué «dioses» cargas hoy sobre tus hombros: responsabilidades que te aplastan, expectativas ajenas, culpas que no sueltas. Hoy entrega a Dios lo que no puedes llevar y deja que él te sostenga, como sostuvo a Israel desde el vientre. Y si cuidas de alguien mayor o enfermo, recuerda que sostener a otro es también imagen de Dios. No fuiste hecho para cargar a Dios, sino para dejarte llevar por él.

Oración

Señor, tú me has sostenido desde que nací y me llevarás hasta la vejez. Perdóname por cargar pesos que no me corresponden y por fabricarme dioses que no salvan. Llévame tú, y dame descanso. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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