Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 13

1 Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós.

2 Sobre el monte pelado izad la bandera, levantad la voz a ellos, agitad la mano y que entren por las puertas de los nobles.

3 Yo he mandado a mis consagrados y también he llamado a mis valientes, para ejecutar mi ira a mis gallardos.

4 ¡Ruido estruendoso en los montes, como de mucha gente! ¡Ruido estrepitoso de reinos, naciones reunidas! Yahveh Sebaot pasa revista a su tropa de combate.

5 Vienen de tierra lejana, del cabo de los cielos, Yahveh y los instrumentos de su enojo para arrasar toda la tierra.

6 Ululad, que cercano está el Día de Yahveh, como la destrucción de Sadday viene.

7 Por eso todos los brazos decaen y todo corazón humano se derrite.

8 Se empavorecen, angustias y apuros les sobrecogen, cual parturienta se duelen. Cada cual se asusta de su prójimo. Son los suyos rostros llameantes.

9 He aquí que el Día de Yahveh viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores.

10 Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna,

11 pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré.

12 Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino, y la humanidad más que metal de Ofir.

13 Por eso haré temblar los cielos, y se removerá la tierra de su sitio, en el arrebato de Yahveh Sebaot, en el día de su ira hirviente.

14 Será como gacela acosada, como ovejas cuando no hay quien las reúna: cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.

15 Todo el que fuere descubierto será traspasado, y todo el que fuere apresado caerá por la espada.

16 Sus párvulos serán estrellados ante sus ojos, serán saqueadas sus casas, y sus mujeres violadas.

17 He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni desean el oro.

18 Machacarán a todos sus muchachos, estrellarán a todas sus muchachas, del fruto del vientre no se apiadarán ni de las criaturas tendrán lástima sus ojos.

19 Babilonia, la flor de los reinos, prez y orgullo de Caldea, será semejante a Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios.

20 No será habitada jamás ni poblada en generaciones y generaciones, ni pondrá tienda allí el árabe, ni pastores apacentarán allí.

21 Allí tendrán aprisco bestias del desierto y se llenarán sus casas de mochuelos. Allí morarán las avestruces y los sátiros brincarán allí.

22 Se responderán las hienas en sus alcázares y los chacales en sus palacios de recreo. Su hora está para llegar y sus días no tendrán prórroga.

Reflexión del capítulo 13

El capítulo decimotercero inaugura la serie de oráculos contra las naciones, y lo hace con el más solemne de todos: el oráculo contra Babilonia. Isaías convoca un ejército sobre los montes, porque el Señor ha reunido a sus consagrados para ejecutar su ira. El centro del capítulo es el Día del Señor, descrito con imágenes cósmicas estremecedoras: las estrellas y las constelaciones dejan de dar su luz, el sol se oscurece al amanecer y la luna no brilla, los cielos tiemblan y la tierra se estremece. No se trata de una simple derrota militar, sino de una intervención de Dios que sacude los cimientos del mundo. Babilonia, la ciudad que se creía el centro del universo y la dueña de los pueblos, caerá como Sodoma y Gomorra y quedará deshabitada para siempre. El profeta anuncia así que ningún imperio, por brillante que parezca, puede ocupar el lugar de Dios. La grandeza humana sin justicia se desmorona. La tradición cristiana leyó este texto como una advertencia permanente sobre el fin de los poderes arrogantes y lo aplicó al juicio final, cuando solo permanecerá el Reino que no pasa.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa en los poderes que hoy te impresionan o te dan seguridad: la fama, el éxito, las instituciones humanas. Reconoce que todos pasan. Elige hoy apoyar tu confianza en algo que no se derrumba: la fidelidad de Dios. No te dejes deslumbrar por lo que brilla pero no tiene raíces de justicia, porque lo que se construye contra el prójimo no puede sostenerse.

Oración

Señor, tú eres el único que permanece cuando todo se derrumba. No dejes que ponga mi confianza en poderes que pasan. Dame un corazón humilde y fiel, anclado en tu Reino eterno, y enséñame a ver tu mano en la historia. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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