Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 41

1 Hacedme silencio, islas, y renueven su fuerza las naciones. Alléguense y entonces hablarán, reunámonos todos a juicio.

2 ¿Quién ha suscitado de Oriente a aquel a quien la justicia sale al paso? ¿Quién le entrega las naciones, y a los reyes abaja? Conviértelos en polvo su espada, en paja dispersa su arco;

3 les persigue, pasa incólume, el sendero con sus pies no toca.

4 ¿Quién lo realizó y lo hizo? El que llama a las generaciones desde el principio: yo, Yahveh, el primero, y con los últimos yo mismo.

5 Ved, islas, y temed; confines de la tierra, y temblad. Acercaos y venid.

6 El uno ayuda al otro y dice a su colega: «¡Animo!»

7 Anima el fundidor al orfebre, el que pule a martillo al que bate en el yunque, diciendo de la soldadura: «Está bien.» Y fija el ídolo con clavos para que no se mueva.

8 Y tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien elegí, simiente de mi amigo Abraham;

9 que te así desde los cabos de la tierra, y desde lo más remoto te llamé y te dije: «Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado»:

10 No temas, que contigo estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera.

11 ¡Oh! Se avergonzarán y confundirán todos los abrasados en ira contra ti. Serán como nada y perecerán los que buscan querella.

12 Los buscarás y no los hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los que te hacen la guerra.

13 Porque yo, Yahveh tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: «No temas, yo te ayudo.»

14 No temas, gusano de Jacob, gente de Israel: yo te ayudo - oráculo de Yahveh - y tu redentor es el Santo de Israel.

15 He aquí que te he convertido en trillo nuevo, de dientes dobles. Triturarás los montes y los desmenuzarás, y los cerros convertirás en tamo.

16 Los beldarás, y el viento se los llevará, y una ráfaga los dispersará. Y tú te regocijarás en Yahveh, en el Santo de Israel te gloriarás.

17 Los humildes y los pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed. Yo, Yahveh, les responderé, Yo, Dios de Israel, no los desampararé.

18 Abriré sobre los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas.

19 Pondré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivares. Pondré en la estepa el enebro, el olmo y el ciprés a una,

20 de modo que todos vean y sepan, adviertan y consideren que la mano de Yahveh ha hecho eso, el Santo de Israel lo ha creado.

21 «Aducid vuestra defensa - dice Yahveh - allegad vuestras pruebas - dice el rey de Jacob.

22 Alléguense e indíquennos lo que va a suceder. Indicadnos cómo fue lo pasado, y reflexionaremos; o bien hacednos oír lo venidero para que lo conozcamos.

23 Indicadnos las señales del porvenir, y sabremos que sois dioses. En suma, haced algún bien o algún mal, para que nos pongamos en guardia y os temamos.

24 ¡Oh! Vosotros sois nada, y vuestros hechos, nulidad, lo mejor de vosotros, abominación.»

25 Le he suscitado del norte, y viene, del sol naciente le he llamado por su nombre. Ha hollado a los sátrapas como lodo, como el alfarero patea el barro.

26 ¿Quién lo indicó desde el principio, para que se supiese, o desde antiguo, para que se dijese: «Es justo»? Ni hubo quien lo indicase, ni hubo quien lo hiciese oír, ni hubo quien oyese vuestras palabras.

27 Primicias de Sión: «¡Aquí están, aquí están!» envío a Jerusalén la buena nueva.

28 Miré, y no había nadie; entre éstos no había consejeros a quienes yo preguntara y ellos respondieran.

29 ¡Oh! Todos ellos son nada; nulidad sus obras, viento y vacuidad sus estatuas.

Reflexión del capítulo 41

El capítulo cuadragesimoprimero presenta un gran juicio entre Dios y las naciones. El Señor convoca a los pueblos y les recuerda que él suscitó a un vencedor desde el oriente, y que todo lo que ocurre en la historia está bajo su mano. Frente a los ídolos mudos, que no pueden anunciar nada ni salvar a nadie, se alza la palabra del único que conoce el futuro. Pero el corazón del capítulo está en la elección de Israel, llamado aquí siervo: tú eres mi siervo, te he elegido y no te he desechado. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios. Es una de las declaraciones más tiernas del libro, dirigida a un pueblo pequeño y asustado. El Señor promete que los que luchan contra él quedarán avergonzados, y responde a los pobres y necesitados que buscan agua: haré brotar ríos en los collados y fuentes en medio de los valles, y el desierto se convertirá en estanque. El capítulo enseña que Dios elige a los pequeños, sostiene a los débiles y transforma la aridez en abundancia. La tradición cristiana leyó la promesa del agua viva como anuncio del Espíritu y aplicó el título de siervo a Cristo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Si te sientes pequeño, débil o insignificante, escucha hoy que Dios te ha elegido y no te ha desechado. Nombra ante él tu mayor debilidad y pídele que la sostenga. Y si ves a alguien agotado y sin recursos —sediento, en sentido literal o figurado—, conviértete tú en el río que Dios quiere enviarle. Dios suele elegir lo pequeño para hacer cosas grandes.

Oración

Señor, no temas me dices, porque estás conmigo. Gracias por elegirme y sostener mi debilidad. Haz brotar ríos en mi desierto interior y úsame para llevar tu consuelo a los que tienen sed. Tú nunca me dejas solo. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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