Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 56 de 66Capítulo 56
1 Así dice Yahveh: Velad por la equidad y practicad la justicia, que mi salvación está para llegar y mi justicia para manifestarse.
2 Dichoso el mortal que tal haga, el hombre que persevere en ello, guardándose de profanar el sábado, guardando su mano de hacer nada malo.
3 Que el extranjero que se adhiera a Yahveh, no diga: «¡De cierto que Yahveh me separará de su pueblo!» No diga el eunuco: «Soy un árbol seco.»
4 Pues así dice Yahveh: Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que me agrada y se mantienen firmes en mi alianza,
5 yo he de darles en mi Casa y en mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no será borrado.
6 En cuanto a los extranjeros adheridos a Yahveh para su ministerio, para amar el nombre de Yahveh, y para ser sus siervos, a todo aquel que guarda el sábado sin profanarle y a los que se mantienen firmes en mi alianza,
7 yo les traeré a mi monte santo y les alegraré en mi Casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.
8 Oráculo del Señor Yahveh que reúne a los dispersos de Israel. A los ya reunidos todavía añadiré otros.
9 Bestias todas del campo, venid a comer, bestias todas del bosque.
10 Sus vigías son ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven visiones, se acuestan, amigos de dormir.
11 Son perros voraces, no conocen hartura, y ni los pastores saben entender. Cada uno sigue su propio camino cada cual, hasta el último, busca su provecho
12 «Venid, voy a sacar vino y nos emborracharemos de licor, que el día de mañana será como el de hoy, o muchísimo mejor.»
Reflexión del capítulo 56
El capítulo quincuagesimosexto comienza con una exhortación sencilla y exigente: guardad el derecho y practicad la justicia, porque mi salvación está para llegar. El profeta insiste en que la cercanía de Dios no dispensa de la ética, sino que la intensifica. Después aborda una cuestión delicada para su época: el extranjero y el eunuco, dos categorías excluidas del culto por la ley antigua. El Señor declara que quien guarda el sábado y se adhiere a su alianza tendrá un lugar y un nombre en su casa, mejores que hijos e hijas; y que los extranjeros que se unan al Señor podrán servirle y amarle, porque su casa será reconocida como casa de oración abierta a todos los pueblos. Es una de las afirmaciones más universales y hermosas del Antiguo Testamento, y Jesús la citó al purificar el templo. La última parte del capítulo es una advertencia severa: los centinelas de Israel son ciegos, perros mudos que no pueden ladrar, pastores que solo buscan su provecho. Enseña que Dios acoge a los que el mundo excluye y que la verdadera religión une el culto con la justicia. La tradición cristiana leyó este texto como anuncio de la apertura de la Iglesia a todos los pueblos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pregúntate hoy a quién estás dejando fuera: en tu grupo, tu parroquia, tu familia. Da un paso concreto para acoger a alguien que se siente excluido o que es distinto. Y examina si tu fe se limita a cumplir normas sin buscar la justicia; las dos cosas van unidas. La casa de Dios es casa de oración para todos, sin excepciones.
Oración
Señor, tú acoges al extranjero y al que el mundo rechaza. Enséñame a acoger a todos y a unir mi culto con la justicia. Que nunca sea un centinela ciego ni un pastor que solo busca su provecho. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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