Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 16

1 Enviad corderos al señor del país desde la Roca del Desierto al monte de la hija de Sión.

2 Como aves espantadas, nidada dispersa, serán las hijas de Moab cabe los vados del Arnón.

3 Presenta algún plan, toma una decisión. Haz tu sombra como la noche en pleno mediodía; esconde a los acosados, al fugitivo no delates.

4 Acójanse en ti los acosados de Moab; sé para ellos cobijo ante el devastador. Cuando no queden tiranos, acabe la devastación, y desaparezcan del país los opresores,

5 será establecido sobre la piedad el trono, y se sentará en él con lealtad - en la tienda de David - un juez que busque el derecho, y sea presto a la justicia.

6 Hemos oído la arrogancia de Moab: ¡una gran arrogancia! Su altanería, su arrogancia y su furor y sus bravatas sin fuerza.

7 Por eso, que ulule Moab por Moab; ulule todo él. Por los panes de uvas de Quir Jaréset gimen: «¡Ay, abatidos!»

8 Pues la campiña de Jesbón se ha marchitado, el viñedo de Sibmá, cuyas cepas majaron los señores de las gentes. Hasta Yazer alcanzaban, se perdían por el desierto, sus frondas se extendían, pasaban la mar.

9 Por eso voy a llorar como llora Yazer, viña de Sibmá. Te regaré con mis lágrimas, Jesbón y Elalé, porque sobre tu cosecha y sobre tu segada se ha extinguido el clamor,

10 y se retira del vergel alegría y alborozo, y en las viñas no se lanzan cantos de júbilo, ni gritos. Vino en los lagares no pisa el pisador: el clamor ha cesado.

11 Por eso mis entrañas por Moab como el arpa resuenan, y mi interior por Quir Jeres.

12 Luego, cuando vea Moab que se cansa sobre el alto, entrará a su santuario a orar, pero nada podrá.

13 Esta es la palabra que en un tiempo pronunció Yahveh acerca de Moab.

14 Y ahora ha hablado Yahveh diciendo: «Dentro de tres años, como años de jornalero, será despreciada la gloria de Moab con toda su numerosa muchedumbre, y el resto será pequeñísimo, insignificante.»

Reflexión del capítulo 16

El capítulo decimosexto continúa el lamento por Moab y añade un matiz nuevo. El profeta aconseja a Moab que envíe un cordero al señor del país y que dé refugio a los fugitivos, sin traicionar a los que huyen. Denuncia después la soberbia desmedida de Moab, su arrogancia y su furia vacía, y anuncia que en tres años su gloria quedará reducida a muy poco. Pero en medio del juicio brilla una promesa inesperada: se dice que un trono será establecido por la misericordia, y sobre él se sentará con fidelidad un juez que buscará el derecho y practicará la justicia. En un oráculo contra un pueblo pagano, Isaías deja asomar la esperanza mesiánica del trono de David, firme y compasivo. El contraste es claro: los tronos levantados sobre la opresión se hunden, mientras el trono fundado en la misericordia permanece para siempre. El capítulo enseña que la verdadera realeza se mide por la justicia y la compasión, no por la fuerza. La Iglesia reconoció en ese juez fiel la figura de Cristo, rey misericordioso cuyo trono es la cruz.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina cómo ejerces cualquier autoridad que tengas —como padre, jefe, docente o responsable—: ¿la usas para servir o para imponerte? Hoy elige una decisión que favorezca al más débil y defiende a alguien que no puede defenderse solo. La autoridad que no sirve se corrompe; reinar es servir, como lo mostró Cristo. Hoy elige servir a alguien que no pueda devolverte el favor.

Oración

Señor, tú eres el rey que reina por la misericordia. Enséñame a usar cualquier autoridad que tenga para servir y hacer justicia, no para imponerme. Establece tu trono de fidelidad en mi corazón. Que mi autoridad sea siempre servicio. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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