Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 24 de 66Capítulo 24
1 He aquí que Yahveh estraga la tierra, la despuebla, trastorna su superficie y dispersa a los habitantes de ella:
2 al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al acreedor como a su deudor.
3 Devastada será la tierra y del todo saqueada, porque así ha hablado Yahveh.
4 En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita.
5 La tierra ha sido profanada bajo sus habitantes, pues traspasaron las leyes, violaron el precepto, rompieron la alianza eterna.
6 Por eso una maldición ha devorado la tierra, y tienen la culpa los que habitan en ella. Por eso han sido consumidos los habitantes de la tierra, y quedan pocos del linaje humano.
7 El mosto estaba triste, la viña mustia: se trocaron en suspiros todas las alegrías del corazón.
8 Cesó el alborozo de los tímpanos, suspendióse el estrépito de los alegres, cesó el alborozo del arpa.
9 No beben vino cantando: amarga el licor a sus bebedores.
10 Ha quedado la villa vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se puede entrar.
11 Se lamentan en las calles por el vino. Desapareció toda alegría, emigró el alborozo de la tierra.
12 Ha quedado en la ciudad soledad, y de desolación está herida la puerta.
13 Porque en medio de la tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en el vareo del olivo, como en los rebuscos cuando acaba la vendimia.
14 Ellos levantan su voz y lanzan hurras; la majestad de Yahveh aclaman desde el mar.
15 Por eso, en Oriente glorificad a Yahveh, en las islas del mar el nombre de Yahveh, Dios de Israel.
16 Desde el confín de la tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria al justo!» Y digo: «¡Menguado de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y de estos malvados que hacen maldad, los maldados que han consumado la maldad!»
17 ¡Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de la tierra!
18 Sucederá que el que escape del pánico, caerá en la hoya, y el que suba de la hoya, será preso en la trampa. Porque las esclusas de lo alto han sido abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra,
19 Estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra,
20 vacila, vacila la tierra como un beodo, se balancea como una cabaña; pesa sobre ella su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse.
21 Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra;
22 serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados.
23 Se afrentará la luna llena, se avergonzará el pleno sol, cuando reine Yahveh Sebaot en el monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria en presencia de sus ancianos.
Reflexión del capítulo 24
El capítulo vigesimocuarto abre la llamada «apocalipsis de Isaías», una sección que describe el juicio de Dios sobre el mundo entero. El profeta anuncia que la tierra queda vacía y devastada, que se confunden las clases sociales, y que el motivo de la ruina es la culpa de sus habitantes: han transgredido las leyes, han violado el mandato eterno y han roto la alianza. Por eso la maldición devora la tierra y sus moradores quedan abatidos. Las imágenes son cósmicas: las ventanas del cielo se abren, los cimientos de la tierra tiemblan, la tierra se tambalea como un borracho. Pero en medio de ese cuadro terrible aparece un canto nuevo: desde el extremo de la tierra se alzan voces que glorifican al Justo, y el Señor de los ejércitos reina sobre el monte Sión y en Jerusalén, rodeado de su gloria. El capítulo enseña que la historia tiene un dueño, que la ruptura de la alianza conlleva consecuencias reales, y que por encima de todo desastre se levanta la soberanía de Dios. La tradición cristiana leyó estos textos como anuncio del juicio final y de la gloria del Reino que no será destruido.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Toma conciencia hoy de que tus actos tienen consecuencias reales, también para los demás y para la creación. Examina si has roto alguna alianza o promesa importante y repárala. Vive esta jornada sabiendo que la historia no es un caos sin sentido, sino que está en las manos de Dios; vivir con responsabilidad es vivir con esperanza. Lo que haces hoy deja huella en el mañana.
Oración
Señor de los ejércitos, tú reinas por encima de todo desastre. Ayúdame a vivir con responsabilidad y a respetar la alianza que he contraído contigo y con los demás, confiando en tu Reino que no pasa. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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