Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 53 de 66Capítulo 53
1 ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló?
2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
3 Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.
4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.
5 El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.
6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca.
8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido;
9 y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.
10 Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.
11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.
12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebledes.
Reflexión del capítulo 53
El capítulo quincuagesimotercero es el cuarto y más importante cántico del Siervo, y probablemente la profecía más impresionante del Antiguo Testamento sobre la pasión de Cristo. Comienza con una pregunta desconcertada: ¿quién ha creído nuestro anuncio? El Siervo creció como un brote en tierra árida, sin figura ni belleza que atrajera la mirada, despreciado y abandonado por los hombres, hombre de dolores. Se dice que soportó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores, y que nosotros lo tuvimos por castigado y herido por Dios. Pero el profeta revela la verdad profunda: estaba traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras culpas; el castigo que nos devuelve la paz cayó sobre él, y por sus heridas fuimos curados. Todos andábamos errantes como ovejas, y el Señor hizo recaer sobre él la culpa de todos. Fue maltratado y guardó silencio, como un cordero conducido al matadero. Se le dio sepultura con los malvados y con los ricos en su muerte, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. El texto añade que el Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y que si entrega su vida como ofrenda por el pecado, justificará a muchos cargando con sus culpas e intercediendo por los culpables. La Iglesia leyó este capítulo desde el primer día como la clave de la cruz.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Contempla hoy la cruz no como una desgracia, sino como el amor que carga con lo que tú no puedes cargar. Nombra un pecado o una herida que llevas y déjala ante Cristo, recordando que por sus heridas fuiste curado. Y aprende a cargar con el peso de otro: ofrece hoy tu esfuerzo, tu paciencia o tu oración por alguien que sufre. El amor verdadero siempre carga con el otro.
Oración
Señor Jesús, cordero llevado al matadero, tú cargaste mis culpas y por tus heridas fui curado. Gracias por un amor que no merezco. Enséñame a cargar con los demás y a vivir agradecido por tu entrega. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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