Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 55

1 ¡Oh, todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche!

2 ¿Por qué gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso.

3 Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y files promesas hechas a David.

4 Mira que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones.

5 Mira que a un pueblo que no conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti correrá por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha honrado.

6 Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano.

7 Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.

8 Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahveh -.

9 Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros.

10 Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer,

11 así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.

12 Sí, con alegría saldréis, y en paz seréis traídos. Los montes y las colinas romperán ante vosotros en gritos de júbilo, y todos los árboles del campo batirán palmas.

13 En lugar del espino crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para renombre de Yahveh, para señal eterna que no será borrada.

Reflexión del capítulo 55

El capítulo quincuagesimoquinto es una invitación abierta y gratuita. El profeta llama a todos los sedientos a venir al agua, y a los que no tienen dinero a comprar y comer sin pagar: vino y leche gratis. Es la imagen de una salvación que no se compra con méritos, sino que se recibe como un don. Después Dios invita a escuchar y a venir a él para vivir, y promete una alianza eterna, los favores firmes prometidos a David. El capítulo insiste en que el camino de la vida no es el de nuestros cálculos: sus pensamientos no coinciden con los nuestros, ni sus caminos con los nuestros. Y a continuación viene una de las imágenes más consoladoras de la Escritura: como la lluvia y la nieve bajan del cielo y no vuelven sin haber regado la tierra y hecho germinar la semilla, así la palabra que sale de la boca de Dios no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiere. El capítulo termina con una promesa de alegría: saldréis con gozo y seréis guiados en paz, y hasta los montes y las colinas cantarán. Enseña que la salvación es gratuita, que los caminos de Dios superan los nuestros y que su palabra es eficaz. La tradición cristiana leyó la invitación al agua como anuncio de Cristo, fuente de agua viva.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Ven hoy a la fuente sin llevar nada que ofrecer: reza reconociendo que la salvación es un regalo y no un salario. Y confía en la eficacia de la palabra de Dios: siembra su palabra en alguien —un consejo, una lectura, un testimonio— aunque no veas el fruto de inmediato. Nada de lo que Dios dice vuelve vacío; la gratuidad es el lenguaje de su amor.

Oración

Señor, vengo a ti con mi sed, sin nada que ofrecerte más que mi necesidad. Gracias porque tu salvación es gratuita. Que tu palabra dé fruto en mí y enséñame a confiar en tus caminos, que superan los míos. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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