Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 58

1 Clama a voz en grito, no te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados.

2 A mí me buscan día a día y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la virtud practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.

3 - ¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores.

4 Es que ayunáis para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz.

5 ¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh?

6 ¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?

7 ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?

8 Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.

9 Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy.» Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,

10 repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.

11 Te guiará Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan.

12 Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos frecuentados.

13 Si apartas del sábado tu pie, de hacer tu negocio en el día santo, y llamas al sábado «Delicia», al día santo de Yahveh «Honorable», y lo honras evitando tus viajes, no buscando tu interés ni tratando asuntos,

14 entonces te deleitarás en Yahveh, y yo te haré cabalgar sobre los altozanos de la tierra. Te alimentaré con la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Yahveh ha hablado.

Reflexión del capítulo 58

El capítulo quincuagesimoctavo es una de las páginas proféticas más incisivas y más actuales de toda la Biblia. El pueblo se queja de que Dios no ve sus ayunos, y él responde que el ayuno que quiere no es solo una práctica exterior. El día de ayuno, dice, seguís buscando vuestro interés y oprimís a vuestros trabajadores; ayunáis para discutir y pelear y golpear con puño malvado. Frente a esa religión vacía, el profeta describe el ayuno que Dios elige: soltar las cadenas injustas, desatar las coyundas del yugo, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, dar cobijo al pobre sin techo, vestir al que está desnudo y no volver la espalda al hermano. Entonces, promete, romperá tu luz como la aurora, tu herida se curará pronto y tu justicia irá delante de ti. Añade que si ofreces tu pan al hambriento y sacias al afligido, tu luz brillará en las tinieblas, serás como un jardín regado y te llamarán reparador de brechas y restaurador de ruinas. El capítulo corrige también el modo de vivir el sábado, invitando a no buscar el propio interés y a llamarlo delicia. Enseña que la auténtica religión es la misericordia activa, no la penitencia que deja intactas las injusticias. La tradición cristiana leyó este texto como programa de la caridad cristiana.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Elige hoy un ayuno que agrade a Dios: renuncia a algo —tiempo, comodidad, dinero— en favor de alguien concreto. Visita a un enfermo, da de comer a quien lo necesita, defiende a un oprimido. Y revisa si tus prácticas religiosas van acompañadas de misericordia; si no, empieza por la obra de caridad. El ayuno que Dios quiere se mide por el bien que haces al prójimo.

Oración

Señor, líbrame de una religión de apariencias. Enséñame a ayunar soltando cadenas, compartiendo el pan y dando cobijo al que no tiene. Que mi luz rompa como la aurora y mi vida repare lo que está roto. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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