Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 7

1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo.

2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento.

3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz,

4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón por ese par de cabos de tizones humeantes,

5 ya que Aram, Efraím y el hijo de Remalías han maquinado tu ruina diciendo:

6 Subamos contra Judá y desmembrémoslo, abramos brecha en él y pongamos allí por rey al hijo de Tabel."

7 Así ha dicho el Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así;

8 porque la capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco, Rasón; Pues bien: dentro de sesenta y cinco años, Efraím dejará de ser pueblo.

9 La capital de Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el hijo de Remalías. Si no os afirmáis en mí no seréis firmes.»

10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo:

11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto.»

12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.»

13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios?

14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.

15 Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno.

16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.

17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá (el rey de Asur).

18 Aquel día silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines de los ríos de Egipto, y a las abejas que hay en tierra de Asur;

19 vendrán y se posarán todas ellas en las quebradas, en los resquicios de las peñas, en todas las corrientes y en todos los arroyos.

20 Aquel día repará el Señor con navaja alquilada allende el Río, con el rey de Asur, la cabeza y el vello de las piernas y también la barba afeitará,

21 Aquel día criará cada uno una novilla y un par de ovejas.

22 Y así de tanto dar leche, comerá cuajada, porque «cuajada y miel comerá todo el que quedare dentro del país».

23 Aquel día, cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de mil piezas de plata, será de la zarza y el abrojo.

24 Con flechas y arco se entrará allí, pues zarza y abrojo será toda la tierra,

25 y en ninguno de los montes que se desbrozan con la azada se podrá entrar por temor de las zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes y pastizal de ovejas.»

Reflexión del capítulo 7

El capítulo séptimo nos sitúa en uno de los momentos más dramáticos de la historia de Judá. El rey Ajaz tiembla porque los reinos de Siria y de Efraín han formado una coalición para derrocarlo. Isaías sale a su encuentro con su hijo Sear Yasub y le dirige una palabra serena: no temas, esa amenaza no se mantendrá, y si no creéis, no subsistiréis. La fe es presentada como la única fuerza capaz de sostener a un pueblo. Dios ofrece entonces al rey pedir una señal, tan grande como quiera, pero Ajaz se niega con una piedad falsa: no tentaré al Señor. Su negativa no es humildad, sino cerrazón y desconfianza. Por eso el profeta pronuncia el anuncio más célebre de todo el libro: la joven está encinta y dará a luz un hijo al que pondrá el nombre de Emanuel, que significa «Dios con nosotros». En su sentido inmediato, la señal aseguraba que la dinastía de David no caería ante sus enemigos; en su sentido pleno, anunciaba al Hijo de la Virgen. Mateo citó este texto al narrar el nacimiento de Jesús, y la Iglesia lo proclama cada Navidad: Dios no salva a distancia, se acerca y habita entre nosotros.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando el miedo te empuje a buscar alianzas que te alejan de Dios, detente y pregúntate si confías de verdad en él. Hoy elige un acto de fe concreto: no resolver por tu cuenta un problema, sino ponerlo primero en oración. Y recuerda que el Emanuel camina contigo: vive esta jornada sabiéndote acompañado, dejando que la confianza sustituya a la angustia.

Oración

Señor, tú eres Emanuel, Dios con nosotros. Perdona mi desconfianza y mi miedo, y enséñame a creer sin pedir pruebas. Camina a mi lado en esta jornada y sostén mi fe cuando todo parezca tambalearse. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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