Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 62 de 66Capítulo 62
1 Por amor de Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha.
2 Verán las naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo que la boca de Yahveh declarará.
3 Serás corona de adorno en la mano de Yahveh, y tiara real en la palma de tu Dios.
4 No se dirá de ti jamás «Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada.
5 Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios.
6 Sobre los muros de Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la noche estarán callados. Los que hacéis que Yahveh recuerde, no guardéis silencio.
7 No le dejéis descansar, hasta que restablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza en la tierra.
8 Ha jurado Yahveh por su diestra y por su fuerte brazo: «No daré tu grano jamás por manjar a tus enemigos. No beberán hijos de extraños tu mosto por el que te fatigaste,
9 sino que los que lo cosechen lo comerán y alabarán a Yahveh, y los que los recolecten lo beberán en mis atrios sagrados.»
10 ¡Pasad, pasad por las puertas! ¡Abrid camino al pueblo! ¡Reparad, reparad el camino, y limpiadlo de piedras! ¡Izad pendón hacia los pueblos!
11 Mirad que Yahveh hace oír hasta los confines de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le precede.
12 Se les llamará "Pueblo Santo", "Rescatados de Yahveh"; y a ti se te llamará "Buscada", "Ciudad no Abandonada".»
Reflexión del capítulo 62
El capítulo sesenta y dos es un cántico de insistencia amorosa. El profeta declara que por amor a Sión no callará y por amor a Jerusalén no descansará hasta que su justicia brille como la aurora y su salvación como una antorcha encendida. Es la imagen de una intercesión incansable. Las naciones verán su justicia y los reyes su gloria, y la ciudad recibirá un nombre nuevo, dado por la boca del Señor. Ya no se llamará Abandonada ni Desolada, sino Mi Delicia y Desposada, porque el Señor se complace en ella. El profeta coloca centinelas sobre las murallas que no deben callar ni de día ni de noche, y exhorta a no dar descanso al Señor hasta que restablezca Jerusalén. Es una de las páginas más hermosas sobre la oración perseverante. Después se anuncia que el pueblo no volverá a ser saqueado y que preparará el camino para que pasen los suyos. Enseña que el amor verdadero no se rinde, que la oración insistente tiene poder y que Dios renueva a su pueblo dándole un nombre nuevo, signo de una identidad restaurada. La tradición cristiana leyó el nombre nuevo y la imagen nupcial como anuncio de la unión de Cristo con la Iglesia.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Elige hoy una intención por la que rezar sin cansarte: una persona, una situación injusta, tu propia conversión. Reza por ella varias veces durante el día, como los centinelas que no callan. Y déjate renombrar por Dios: si te has creído abandonado o desolado, empieza a verte como alguien en quien él se complace. La perseverancia en la oración es una forma de amor.
Oración
Señor, tú no callas por amor a tu pueblo y me invitas a insistir sin cansarme. Enséñame a rezar con perseverancia y a creer que puedes renovar mi nombre y mi historia. Que nunca me dé por vencido. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
Compartir
Enlace copiado