Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 17 de 66Capítulo 17
1 Oráculo contra Damasco. He aquí que Damasco deja de ser ciudad, y va a ser montón de derribo.
2 Abandonadas sus ciudades para siempre, serán para los ganados; se acostarán allí y no habrá quien los espante.
3 Dejará de existir el baluarte de Efraím y el reinado de Damasco, y el resto de Aram vendrá a ser como la gloria de los israelitas - oráculo de Yahveh Sebaot -.
4 Aquel día, será debilitada la gloria de Jacob, y su gordura enflaquecerá.
5 Será como cuando apuña un segador la mies, y su brazo las espigas siega; será como espigador en el valle de Refaím,
6 - que quedan en él rebuscos -; como en el vareo del olivo: dos, tres bayas en la punta de la guía; cuatro, cinco en sus ramas fructíferas - oráculo de Yahveh, el Dios de Israel -.
7 Aquel día se dirigirá el hombre a su Hacedor, y sus ojos hacia el Santo de Israel mirarán.
8 No se fijará en los altares, obras de sus manos, ni lo que hicieron sus dedos mirará: los cipos y las estelas solares.
9 Aquel día estarán tus ciudades abandonadas, como cuando el abandono de los bosques y matorrales, ante los hijos de Israel: habrá desolación.
10 Porque olvidaste a Dios tu salvador, y de la Roca de tu fortaleza no te acordaste. Por eso plantabas plantíos deleitosos, y de mugrón extranjero los sembraste.
11 Hoy tu plantío veías crecer, y florecer desde la mañana tu simiente. Pero desaparecerá la mies el día de la enfermedad, y el dolor será incurable.
12 ¡Ay!, bramar de muchos pueblos, como bramar de mares braman. Retumbar de naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas.
13 (De naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas.) Pero él las increpa, y de lejos huyen, y son perseguidas como el tamo de los montes por el viento, y como torbellino por el huracán.
14 A la hora del atardecer se presenta el miedo, antes de la mañana ya no existen. Esea sea la parte de nuestros despojadosres, la suerte de nuestros saqueadores.
Reflexión del capítulo 17
El capítulo decimoséptimo anuncia el destino de Damasco, la capital de Siria, y del reino de Efraín, el norte de Israel, aliados contra Judá. La gloria de Jacob se marchitará como el campo segado, y el país quedará desierto; solo quedarán algunos rebuscos, como cuando se sacuden los olivos y apenas quedan dos o tres aceitunas en las ramas más altas. La imagen es dura, pero contiene una semilla de esperanza: ese día los hombres volverán sus ojos hacia su Hacedor y mirarán al Santo de Israel. El pecado que el profeta señala con más fuerza es el olvido: el pueblo se había apoyado en sus ciudades fortificadas, en sus dioses falsos y en sus propias fuerzas, y se había olvidado del Dios de su salvación. Por eso la prueba se convierte en una llamada a recordar. El capítulo enseña que la prosperidad sin memoria agradecida lleva a la ruina, y que el camino de vuelta empieza siempre por reconocer a Aquel que nos dio la vida. La tradición cristiana leyó este texto como una invitación a no confiar en seguridades humanas y a volver el corazón al único Salvador.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Revisa en qué has puesto tu seguridad: el trabajo, los ahorros, las relaciones, tu propia capacidad. Agradece esos dones, pero reconoce que son frágiles. Dedica hoy un momento a mirar al Santo de Israel y a recordar de dónde viene tu vida. La memoria agradecida protege del olvido de Dios; volver a él cada día es la forma de no perderse.
Oración
Señor, tú eres el Dios de mi salvación. Perdona las veces que me he apoyado solo en mis fuerzas y me he olvidado de ti. Devuélveme la memoria agradecida y vuelve mis ojos hacia mi Hacedor. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
Compartir
Enlace copiado