Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 2

1 Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.

2 Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones,

3 y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.

4 Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.

5 Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.

6 Has desechado a tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos de adivinos y evocadores, como los filisteos, y con extraños chocan la mano;

7 se llenó su tierra de plata y oro, y no tienen límite sus tesoros; se llenó su tierra de caballos, y no tienen límite sus carros;

8 se llenó su tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan, ante lo que hicieron sus dedos.

9 Se humilla el hombre, y se abaja el varón: pero no les perdones.

10 Entra en la peña, húndete en el polvo, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.

11 Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día.

12 Pues será aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea enaltecida, y para todo lo levantado, que será rebajado:

13 contra todos los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas las encinas del Basán,

14 contra todos los montes altos, contra todos los cerros elevados,

15 contra toda torre prominente, contra todo muro inaccesible,

16 contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados de tesoros.

17 Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día,

18 y los ídolos completamente abatidos.

19 Entrarán en las grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.

20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos,

21 y se meterá en los agujeros de las peñas y en las hendiduras de las piedras, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.

22 Desentendeos del hombre, en cuya nariz sólo hay aliento, porque ¿qué vale él?

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo mira hacia el futuro con una de las páginas más luminosas de todo el Antiguo Testamento: el monte de la casa del Señor se alza sobre los montes y hacia él peregrinan todos los pueblos, invitándose unos a otros a subir para que Dios les enseñe sus caminos. De esa escuela de la palabra divina nace un mundo nuevo, donde las espadas se convierten en rejas de arado y las lanzas en podaderas, y donde ya no se aprende la guerra. Isaías contrapone ese horizonte de paz a la realidad de su tiempo y de todos los tiempos: la arrogancia humana, los ídolos de plata y oro fabricados por las propias manos, la autosuficiencia del que se cree dueño de su destino. Anuncia el Día del Señor contra todo lo altivo y soberbio, un día en que solo Dios será exaltado y los hombres arrojarán sus ídolos a los topos y a los murciélagos. El capítulo es a la vez una promesa y una advertencia: la paz verdadera no nace de los pactos ni de los ejércitos, sino de dejarse instruir por Dios. La tradición cristiana leyó esta peregrinación universal como el anuncio de la Iglesia, a la que todos los pueblos son llamados, y como profecía del Reino de Cristo, príncipe de la paz.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa en qué ídolos confías de verdad: el dinero, la apariencia, el control, el éxito. Elige hoy un gesto que construya paz en lugar de rivalidad: cede en una discusión, reconcilíate con alguien, reza por quien te resulta difícil. Deja que la palabra de Dios sea tu maestra antes que tus propias opiniones, y pregúntate qué diría el Señor ante cada decisión importante.

Oración

Señor, enséñame tus caminos para que camine por tus sendas. Arranca de mi corazón los ídolos que me prometen una falsa seguridad y dame tu paz, para que sea artesano de reconciliación donde reina la división. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

Compartir

Enlace copiado