Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 5

1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.

2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces.

3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo:

4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?

5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.

6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.

7 Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.

8 ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país!

9 Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores!

10 Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de simiente producirá una medida.»

11 ¡Ay, los que despertando por la mañana andan tras el licor; los que trasnochan, encandilados por el vino!

12 Sólo hay arpas y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no contemplan la obra de Yahveh, no ven la acción de sus manos.

13 Por eso fue deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban muertos de hambre, y su plebe se resecaba de sed.

14 Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa.

15 Se humilla el hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son abajados;

16 es ensalzado Yahveh Sebaot en jucio, el Dios Santo muestra su santidad por su justicia.

17 Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán.

18 ¡Ay, los que arrastran la culpa con coyundas de engaños y el pecado como con bridas de novilla!

19 Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción, de modo que la veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!»

20 ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!

21 ¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos!

22 ¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor,

23 los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho.

24 Tal devora las espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se derrumba: la raíz de ellos será como podre, y su flor subirá como tamo. Pues recusaron la enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el dicho del Santo de Israel.

25 Por eso se ha encendido la ira de Yahveh contra su pueblo, extendió su mano sobre él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían como basura en medio de las calles. Con todo eso, no se ha calmado su ira, y aún sigue extendida su mano.

26 Iza bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero.

27 No hay en él quien se canse y tropiece, quien se duerma y se amodorre; nadie se suelta el cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de su calzado.

28 Sus saetas son agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de sus caballos semejan pedernal y sus ruedas, torbellino.

29 Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre.

30 Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.

Reflexión del capítulo 5

Isaías entona aquí la canción de su amigo sobre una viña plantada con todo esmero: terreno escogido, cepas selectas, torre de guarda y lagar. Sin embargo, en lugar de uvas dio agrazones, es decir, frutos amargos e inútiles. La parábola es transparente: la viña es la casa de Israel, cuidada con una ternura infinita, y los frutos esperados eran el derecho y la justicia, pero solo brotaron opresión y clamor. Por eso el profeta pronuncia seis «ayes» que golpean realidades muy concretas: los que acumulan casa tras casa y campo tras campo hasta quedarse solos en la tierra, los que se levantan de madrugada para embriagarse, los que arrastran la culpa con cuerdas de mentira, los que llaman bien al mal y mal al bien, los que se tienen por sabios, y los que por soborno absuelven al culpable y niegan la justicia al inocente. El resultado de tanta injusticia es la oscuridad: hambre, sed, destierro y desolación. El capítulo es una de las páginas más severas de la Escritura y, a la vez, una prueba del amor de Dios, que no es indiferente al fruto de su viña. La imagen fue retomada por Jesús en la parábola de los viñadores homicidas.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina qué frutos está dando tu vida: justicia, verdad y misericordia, o egoísmo y apariencia. Corrige hoy un abuso concreto, aunque sea pequeño: devuelve lo que no es tuyo, defiende a quien es tratado injustamente, di la verdad que callaste. Dios espera uvas, no agrazones. No te acostumbres a llamar normal lo que en realidad es injusto. Deja que la justicia guíe también tus decisiones económicas.

Oración

Señor, tú has cuidado mi vida como una viña. Perdóname por los frutos amargos de mi egoísmo y dame un corazón que produzca justicia, verdad y misericordia. Que nunca llame bien al mal ni mal al bien. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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