Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 29

1 ¡Ay, Ariel, Ariel, villa donde acampó David! Añadid año sobre año, las fiestas completen su ciclo,

2 y pondré en angustias a Ariel, y habrá llanto y gemido. Ella será para mí un Ariel;

3 acamparé en círculo contra ti, estrecharé contra ti la estacada, y levantaré contra ti trinchera;

4 serás abatida, desde la tierra hablarás, por el polvo será ahogada tu palabra, tu voz será como un espectro de la tierra, y desde el polvo tu palabra será como un susurro.

5 Y será como polvareda fina la turba de tus soberbios, y como tamo que pasa la turba de tus potentados. Sucederá que, de un momento a otro,

6 de parte de Yahveh Sebaot serás visitada con trueno, estrépito y estruendo, turbión, ventolera y llama de fuego devoradora,

7 Será como un sueño, visión nocturna, la turba de todas las gentes que guerrean contra Ariel, todas sus milicias y las máquinas de guerra que la oprimen.

8 Será como cuando el hambriento sueña que está comiendo, pero despierta y tiene el estómago vacío; como cuando el sediento sueña que está bebiendo, pero se despierta cansado y sediento. Así será la turba de todas las gentes, que guerrean contra el monte Sión.

9 Idiotizaos y quedad idiotas, cegaos y quedad ciegos; emborrachaos, pero no de vino, tambaleaos, y no por el licor.

10 Porque ha vertido sobre vosotros Yahveh espíritu de sopor, he pegado vuestros ojos (profetas) y ha cubierto vuestras cabezas (videntes).

11 Toda revelación será para vosotros como palabras de un libro sellado, que da uno al que sabe leer diciendo: «Ea, lee eso»; y dice el otro: «No puedo, porque está sellado»;

12 y luego pone el libro frente a quien no sabe leer, diciendo: «Ea, lee eso»; y dice éste: «No sé leer»

13 Dice el Señor: Por cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene son preceptos enseñados por hombres,

14 por eso he aquí que yo sigo haciendo maravillas con ese pueblo, haciendo portentosas maravillas; perderé la sabiduría de sus sabios, y eclipsaré el entendimiento de sus entendidos.

15 Ay de los que se esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y ejecutan sus obras en las tienieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién nos conoce?»

16 ¡Qué error el vuestro! ¿Es el alfarero como la arcilla, para que diga la obra a su hacedor: «No me ha hecho», y la vasija diga de su alfarero: «No entiende el oficio?»

17 ¿Acaso no falta sólo un poco, para que el Líbano se convierta en vergel, y el vergel se considere una selva?

18 Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán,

19 los pobres volverán a alegrarse en Yahveh, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se recocijarán.

20 Porque se habrán terminado los tiranos, se habrá acabado el hombre burlador, y serán exterminados todos los que desean el mal;

21 los que declaran culpable a otro con su palabra, y tienden lazos al que juzga en la puerta, y desatienden al justo por una nonada.

22 Por tanto, así dice Yahveh, Dios de la casa de Jacob, el que rescató a Abraham: «No se avergonzará en adelante Jacob, ni en adelante su rostro palidecerá;

23 porque en viendo a sus hijos, las obras de mis manos, en medio de él, santificarán mi Nombre.» Santificarán al Santo de Jacob, y al Dios de Israel tendrán miedo.

24 Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.

Reflexión del capítulo 29

El capítulo vigesimonoveno se dirige a Ariel, nombre simbólico de Jerusalén, y anuncia que la ciudad será humillada y sitiada. Pero el centro del capítulo es un diagnóstico espiritual demoledor: este pueblo se acerca a mí con la boca y me honra con los labios, mientras su corazón está lejos de mí. Su religión es una rutina aprendida, no una entrega viva. Por eso el Señor anuncia que confundirá a los sabios y que la sabiduría de los prudentes perecerá, porque la verdadera inteligencia no nace de la astucia humana. La visión profética queda como un libro sellado que nadie puede leer, ni el que sabe ni el que no sabe. Sin embargo, el capítulo termina con una promesa luminosa: aquel día los sordos oirán las palabras del libro, los ojos de los ciegos verán, los humildes volverán a alegrarse en el Señor y los pobres se llenarán de gozo. El capítulo enseña que Dios no se deja manipular por el culto externo, pero tampoco abandona a los humildes que esperan en él. La tradición cristiana leyó este texto como una advertencia contra la hipocresía religiosa y un anuncio de la curación de los ciegos y sordos que Jesús realizaría.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina si tu oración se ha vuelto rutina: rezar por costumbre sin que el corazón esté presente. Hoy cambia algo concreto: reza despacio, con tus palabras, y deja un momento de silencio para escuchar. Y si hay algo que sabes pero no vives, empieza a vivirlo. La coherencia entre labios y corazón es el corazón de la fe; Dios no busca discursos, sino corazones cercanos.

Oración

Señor, perdona cuando te honro con los labios mientras mi corazón está lejos. Acerca mi corazón a ti y líbrame de la religión de costumbre. Abre mis oídos y mis ojos a tu palabra. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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