Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 50

1 Así dice Yahveh: ¿Dónde está esa carta de divorcio de vuestra madre a quien repudié? o ¿a cuál de mis acreedores os vendí? Mirad que por vuestras culpas fuisteis vendidos, y por vuestras rebeldías fue repudiada vuestra madre.

2 ¿Por qué cuando he venido no había nadie, cuando he llamado no hubo quien respondiera? ¿Acaso se ha vuelto mi mano demasiado corta para rescatar o quizá no habrá en mí vigor para salvar? He aquí que con un gesto seco el mar, convierto los ríos en desierto; quedan en seco sus peces por falta de agua y mueren de sed.

3 Yo visto los cielos de crespón y los cubro de sayal.

4 El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos;

5 el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.

6 Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos.

7 Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.

8 Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se llegue a mí!

9 He aquí que el Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá.

10 El que de entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios.

11 ¡Oh vosotros, todos los que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.

Reflexión del capítulo 50

El capítulo quincuagésimo contiene el tercer cántico del Siervo y es uno de los textos que mejor anticipan la pasión de Cristo. El Siervo comienza diciendo que el Señor le ha dado una lengua de discípulo, para saber sostener al cansado con una palabra, y que cada mañana le despierta el oído para que escuche como un discípulo. Después describe su respuesta: no me resistí ni me eché atrás; ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no oculté mi rostro a los insultos ni a los escupitajos. Es una descripción impresionante de la humildad y de la entrega, y los evangelios la usaron para narrar los sufrimientos de Jesús ante sus verdugos. Lo decisivo es que el Siervo no se presenta como víctima pasiva, sino como alguien que se apoya en Dios: el Señor me ayuda, por eso no quedo confundido; por eso pongo mi rostro como piedra y sé que no seré avergonzado. El capítulo también reprocha a los que caminan en su propia luz y encienden sus propias antorchas, y anuncia que dormirán entre tormentos. Enseña que la fidelidad a la misión pasa por la humildad y la confianza, y que quien se apoya en Dios no queda en ridículo aunque sea maltratado. La tradición cristiana leyó este cántico como profecía directa de la pasión.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Escucha hoy antes de hablar: pide al Señor una lengua de discípulo que sostenga al cansado. Y si sufres injustamente, no respondas con la misma moneda; apóyate en Dios y ofrece esa humillación como un acto de confianza, sabiendo que él te sostiene. El que confía en Dios puede ser humillado, pero nunca queda abandonado. La humildad paciente vence más que la fuerza.

Oración

Señor, despierta cada mañana mi oído para escucharte como discípulo. Dame una lengua que sostenga al cansado y un corazón humilde que no devuelva mal por mal. Tú eres mi ayuda: en ti confío. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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