Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 34 de 66Capítulo 34
1 Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota,
2 que ira tiene Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3 Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre;
4 se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera.
5 Porque se ha emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia.
6 La espada de Yahveh está llena de sangre, engrasada de sebo, de sangre de carneros y machos cabríos, de sebo de riñones de carneros, porque tiene Yahveh un sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom.
7 En vez de búfalos caerán pueblos, y en vez de toros un pueblo de valientes. Se emborrachará su tierra con sangre, y su polvo será engrasado de sebo.
8 Porque es día de venganza para Yahveh, año de desquite del defensor de Sión.
9 Se convertirán sus torrentes en pez, su polvo en azufre, y se hará su tierra pez ardiente.
10 Ni de noche ni de día se apagará, por siempre subirá el humo de ella. De generación en generación quedará arruinada, y nunca jamás habrá quien pase por ella.
11 La heredarán el pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo residirán en ella. Tenderá Yahveh sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío.
12 Los sátiros habitarán en ella, ya no habrá en ella nobles que proclamen la realeza, y todos sus príncipes serán aniquilados.
13 En sus alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas; será morada de chacales y dominio de avestruces.
14 Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso.
15 Allí anidará la víbora, pondrá, incubará y hará salir del huevo. También allí se juntarán los buitres.
16 Buscad el libro de Yahveh y leed; no faltará ninguno de ellos, ninguno de ellos echará en falta a otro. Pues su misma boca lo ha ordenado y su mismo espíritu los junta.
17 Es él mismo el que los echa a suertes, con su mano les reparte el país a cordel; lo poseerán por siempre y morarán en él de generación en generación.
Reflexión del capítulo 34
El capítulo trigesimocuarto es uno de los textos más sombríos del libro. Presenta al Señor con su espada ebria de cólera, dispuesta a juzgar a todas las naciones, y convoca a los pueblos a escuchar porque su indignación se derrama sobre todos ellos. La atención se concentra especialmente en Edom, el pueblo hermano que se había alegrado de la caída de Jerusalén, y se anuncia que su tierra quedará convertida en un desierto abrasado, habitado por aves del desierto y animales salvajes. Es una descripción del juicio como desolación total, imagen de lo que significa rechazar definitivamente a Dios. Pero el capítulo termina con una nota importante: se habla del libro del Señor, que debe leerse, porque ninguna de estas criaturas faltará y su palabra se cumplirá. El profeta subraya así que el juicio no es un capricho, sino la consecuencia de la justicia divina, y que todo está escrito y previsto. El capítulo enseña que la crueldad y la traición no quedan impunes, y que la palabra de Dios se cumple siempre. La tradición cristiana leyó este texto como una advertencia sobre el juicio final, aplicándolo a la suerte de quienes perseveran en el mal.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina si has traicionado o abandonado a alguien que confiaba en ti, o si te has alegrado de su desgracia. Hoy repara esa relación, aunque sea con una palabra sincera. Y toma en serio la advertencia: no hay crueldad que quede sin respuesta ante Dios. Vive con la responsabilidad de quien sabe que sus actos cuentan. La responsabilidad es el rostro serio de la esperanza.
Oración
Señor, tú eres justo y tu palabra se cumple. No permitas que mi corazón se endurezca ni que traicione a quien confía en mí. Dame temor de ti y un corazón recto, atento a tu voluntad. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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