Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 38

1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: «Así habla Yahveh: Haz testamento, porque muerto eres y no vivirás.»

2 Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahveh.

3 Dijo: «¡Ah, Yahveh! Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas.

4 Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra de Yahveh, diciendo:

5 «Vete y di a Ezequías: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de Yahveh. Añadiré quince años a tus días.

6 Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.»

7 Isaías respondió: «Esta será para ti de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh hará lo que ha dicho.

8 Mira, voy a hacer retroceder a la sombra diez gradas de las que ha descendido el sol por las gradas de Ajaz. Y desanduvo el sol diez gradas por las que había descendido.

9 Cántico de Ezequías, rey de Judá cuando estuvo enfermo y sanó de su mal:

10 Yo dije: A la mitad de mis días me voy; en las puertas del seol se me asigna un lugar para el resto de mis años.

11 Dije: No veré a Yahveh en la tierra de los vivos; no veré ya a ningún hombre de los que habitan el mundo.

12 Mi morada es arrancada, se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi vida, del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas conmigo;

13 grité hasta la madrugada: Como león tritura todos mis huesos. De la noche a la mañana acabas conmigo.

14 Como grulla, como golondrina chirrío, zureo como paloma. Se consumen mis ojos de mirar hacia arriba. Yahveh, estoy oprimido, sal por mí.

15 ¿Qué diré? ¿De qué le hablaré, cuando él mismo lo ha hecho? Caminaré todos mis años en la amargura de mi alma.

16 El Señor está con ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú me curarás, me darás la vida.

17 Entonces mi amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados.

18 Que el Seol no te alaba ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu fidelidad.

19 El que vive, el que vive, ése te alaba, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu fidelidad.

20 Yahveh, sálvame, y mis canciones cantaremos todos los días de nuestra vida junto a la Casa de Yahveh.

21 Isaías dijo: «Traed una masa de higos, aplicadla sobre la úlcera y sanará.»

22 Ezequías dijo: «¿Cuál será la señal de que subiré a la Casa de Yahveh?»

Reflexión del capítulo 38

El capítulo trigesimoctavo narra la enfermedad de Ezequías y su curación. El profeta Isaías le anuncia que va a morir y que ordene su casa, y el rey, llorando amargamente, vuelve su rostro a la pared y ora con un corazón sincero. Antes de que Isaías salga del patio, el Señor le ordena volver y comunicar al rey que ha escuchado su oración y añadirá quince años a su vida. Como señal, la sombra del reloj de Ajaz retrocede diez grados. El rey compone después un cántico conmovedor, en el que reconoce que el sepulcro no puede alabarlo y que los muertos no esperan su fidelidad, mientras que los vivos sí pueden darle gracias. Es una de las meditaciones más profundas de la Escritura sobre la enfermedad y la vida: el dolor le enseñó a valorar cada día, y la curación le devolvió el deseo de alabar. El capítulo enseña que la vida es un don frágil que se recibe de Dios, y que la oración sincera, incluso con lágrimas, encuentra respuesta. La tradición cristiana leyó este texto como una invitación a vivir la enfermedad con fe y a agradecer la salud como un don.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Si estás enfermo o acompañando a un enfermo, no calles tu dolor ante Dios: llora y ora como Ezequías. Si estás sano, agradece hoy tu salud de forma concreta y úsala para servir. Dedica un momento a pensar cómo quieres vivir el tiempo que se te ha dado, porque la vida es un don que no controlamos; agradecer la salud es el primer acto de sabiduría.

Oración

Señor, tú escuchas la oración del que llora y añades días a su vida. Gracias por el don frágil de la salud. Enséñame a vivir cada día con gratitud y a alabarte mientras tenga aliento. Que no desperdicie el tiempo que me concedes. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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