Isaías
Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos
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Capítulo 35 de 66Capítulo 35
1 Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor;
2 estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios.
3 Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes.
4 Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará.
5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.
6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa,
7 se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro.
8 Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán.
9 No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán.
10 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!
Reflexión del capítulo 35
El capítulo trigesimoquinto es el reverso luminoso del juicio anterior. El desierto y la tierra árida se alegrarán, la estepa se llenará de gozo y florecerá como el narciso, cubriéndose de flores y cantando. A los brazos cansados y a las rodillas vacilantes se les dice: sed fuertes, no temáis, aquí está vuestro Dios que viene a salvaros. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos, el cojo saltará como un ciervo y la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa, y habrá allí un camino, la senda sagrada, por la que no pasará ningún impuro; los rescatados del Señor volverán y entrarán en Sión con gritos de júbilo, con una alegría eterna, y la tristeza y el gemido huirán. Es uno de los textos más bellos de toda la Escritura. La tradición cristiana leyó estos signos —ciegos que ven, sordos que oyen, cojos que andan— como los mismos que Jesús realizó para anunciar que el Reino había llegado, y aplicó el camino sagrado a Cristo, camino que conduce a la vida.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Si hoy te sientes en un desierto —cansado, seco, sin fuerzas—, escucha la invitación a no temer porque Dios viene a salvarte. Elige un signo concreto de esperanza: descansa sin culpa, pide ayuda, retoma una oración abandonada. Y si puedes, sé tú cauce de agua para alguien seco: una visita, una palabra, una ayuda real. Dios transforma desiertos, empezando por el del corazón.
Oración
Señor, tú haces florecer el desierto y abres los ojos de los ciegos. Ven a salvarme cuando me siento seco y sin fuerzas. Guíame por tu senda sagrada y devuélveme la alegría de los rescatados. Amén.
Acerca del libro de Isaías
El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.
La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.
El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.
Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.
Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.
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