Isaías

Antiguo Testamento | 66 capítulos | 1291 versículos

Is

Capítulo 23

1 Oráculo sobre Tiro. Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza. De vuelta del país de Kittim les ha sido descubierto.

2 Quedad mudos, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón, cuyos viajantes atravesaban el mar

3 por las aguas inmensas. La siembra del canal, la siega del Nilo, era su riqueza, y ella era el mercado de las naciones.

4 Avergüénzate, Sidón, porque ha dicho la mar: «No tuve dolores ni di a luz, ni crié mancebos, ni eduqué doncellas.»

5 En cuanto se oiga la nueva en Egipto, se dolerán de las nuevas de Tiro.

6 Pasad a Tarsis, ululad, habitantes de la costa:

7 ¿Es ése vuestro emporio arrogante, de remota antigüedad, cuyos pies le llevaron lejos en sus andanzas?

8 ¿Quién ha planeado esto conta Tiro, la coronada cuyos comerciantes eran príncipes, cuyos traficantes eran nobles de la tierra?

9 Es Yahveh Sebaot quien ha planeado profanar el orgullo de toda su magnificencia y envilecer a todos los nobles de la tierra.

10 Cultiva tu tierra, hija de Tarsis: no hay puerto ya.

11 Su mano extendió él sobre la mar, hizo estremecer los reinos. Yahveh mandó respecto a Canaán, demoler sus castillos,

12 y dijo: No vuelvas más a rebullir, doncella oprimida, hija de Sidón. Levántate y vete a Kittim, que tampoco allí tendrás reposo.

13 Ahí tienes la tierra de los caldeos; no eran un pueblo; Asur la fundó para las bestias del desierto. Levantaron torres de asalto, demolieron sus alcázares, la convirtieron en ruinas.

14 Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza.

15 Aquel día quedará en olvido Tiro durante setenta años. En los días de otro rey, al cabo de setenta años, le sucederá a Tiro como en la canción de la ramera:

16 «Toma el arpa, rodea la ciudad, ramera olvidada: tócala bien, canta a más y mejor, para que seas recordada.»

17 Bien, al cabo de los setenta años visitará Yahveh a Tiro, y ella volverá a su ganancia y se prostituirá a todos los reinos de la tierra sobre la haz de la tierra.

18 Será su mercadería y su ganancia consagrada a Yahveh. No será atesorada ni almacenada, sino que para los que moren delante de Yahveh será su mercadería, para comer a saciedad y para cubrirse espléndidamente.

Reflexión del capítulo 23

El capítulo vigesimotercero anuncia la caída de Tiro, la gran ciudad portuaria y comercial del Mediterráneo. Sus naves cruzan el mar y su comercio enriquece a reyes, pero el profeta anuncia que su puerto quedará silencioso y sus mercaderes, que se creían príncipes, desaparecerán. La descripción del lamento de los marineros y de los pueblos que dependían de su comercio muestra hasta qué punto la ciudad era el centro de un mundo. Isaías denuncia la soberbia de una prosperidad que se apoyaba en el lucro y no en la justicia, y anuncia que tras setenta años Tiro volverá a cantar, pero su ganancia quedará consagrada al Señor y servirá para alimentar y vestir a quienes habitan en su presencia. Es una de las páginas más interesantes del libro: no se condena el comercio en sí, sino la riqueza convertida en fin absoluto. El capítulo enseña que el trabajo y el intercambio son buenos cuando se ordenan al bien de todos, y que el dinero deja de ser una trampa cuando se pone al servicio de Dios y de los pobres. La tradición cristiana leyó aquí una llamada a usar los bienes con justicia y a no servir al dinero.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa cómo usas el dinero y tu trabajo: ¿los has convertido en un fin en sí mismo? Elige hoy una forma de poner tus recursos al servicio de otros: una limosna generosa, un trabajo bien hecho que beneficie a alguien, un gasto convertido en ayuda. La riqueza se vuelve bendición cuando se comparte; el dinero es buen servidor y mal señor.

Oración

Señor, tú eres el dueño de todo lo que tengo. Líbrame de convertir el dinero en mi señor y enséñame a usarlo con justicia, para que mi trabajo y mis bienes sirvan a los demás. Que nunca sacrifique la justicia por la ganancia. Amén.

Acerca del libro de Isaías

El libro de Isaías es el más extenso de los profetas y uno de los más influyentes de toda la Biblia. Su figura central es Isaías, hijo de Amós, profeta de Jerusalén en el siglo VIII antes de Cristo, en los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías. Vivió la amenaza constante del imperio asirio, la crisis de la guerra siroefraimita y el sitio de Jerusalén por Senaquerib.

La obra que lleva su nombre es más amplia que un solo hombre: la investigación bíblica distingue tres grandes secciones, los capítulos 1 al 39, cercanos al profeta del siglo VIII; los capítulos 40 al 55, escritos para consolar a los deportados en Babilonia; y los capítulos 56 al 66, dirigidos a la comunidad que volvió del destierro. Detrás late una tradición profética viva que conservó y actualizó su palabra a lo largo de los siglos.

El contexto de la alianza recorre todo el libro. Dios había elegido a David y a Sión, y el pueblo debía responder con fidelidad. Cuando esa respuesta falla, Isaías anuncia el juicio: la injusticia social, la idolatría y la confianza en los poderosos traen consecuencias reales. Pero nunca anuncia solo ruina: su gran tema es el resto fiel, el pequeño grupo que Dios preserva, y sobre todo la consolación, porque el Dios santo es también el que consuela a su pueblo y lo lleva en brazos.

Sus temas centrales son la santidad de Dios, la justicia que exige el culto verdadero, el resto fiel, el consuelo del destierro, la misión universal a las naciones y el Siervo del Señor.

Para la fe católica, Isaías enseña que no se puede separar la oración de la justicia y que Dios dirige la historia. Y sobre todo apunta a Cristo: en sus páginas encontramos al Emanuel, Dios con nosotros; el retoño del tronco de Jesé sobre quien reposa el Espíritu; el Siervo sufriente que carga con nuestras culpas y por cuyas heridas somos curados; el ungido que anuncia la buena nueva a los pobres; y la nueva creación. No es casualidad que sea el profeta más citado en el Nuevo Testamento.

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