Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 1 de 52Capítulo 1
1 Toda sabiduría viene del Señor, y con él está por siempre.
2 La arena de los mares, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, ¿quién los puede contar?
3 La altura del cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo, ¿quién los alcanzará?
4 Antes de todo estaba creada la Sabiduría, la inteligente prudencia desde la eternidad.
6 La raíz de la sabiduría ¿a quién fue revelada?, sus recursos, ¿quién los conoció?
8 Sólo uno hay sabio, en extremo temible, el que en su trono está sentado.
9 El Señor mismo la creó, la vio y la contó y la derramó sobre todas sus obras,
10 en toda carne conforme a su largueza, y se la dispensó a los que le aman.
11 Gloria es y orgullo el temor del Señor, contento y corona de júbilo.
12 El temor del Señor recrea el corazón, da contento y recocijo y largos días.
13 Para el que teme al Señor, todo irá bien al fin, en el día de su muerte se le bendecirá.
14 Principio de la sabiduría es temer al Señor, fue creada en el seno materno juntamente con los fieles.
15 Entre los hombres puso su nido, fundación eterna, y con su linaje se mantendrá fielmente.
16 Plenitud de la sabiduría es temer al Señor, ella les embriaga de sus frutos.
17 Toda su casa colma de cosas deseables, y de sus productos sus graneros.
18 Corona de la sabiduría el temor del Señor, ella hace florecer paz y buena salud.
19 (El la vio y la contó), ciencia y conocimiento inteligente hizo llover, y la gloria de los que la poseen exaltó.
20 Raíz de la sabiduría es temer al Señor, sus ramas, los largos días.
22 No puede justificarse la pasión del injusto, que el impulso de su pasión le hace caer.
23 Hasta su hora aguanta el que es paciente, mas después se le brinda contento.
24 Hasta su hora oculta sus palabras, y entonces muchos labios prolamarán su inteligencia.
25 En los tesoros de la sabiduría están las máximas de la ciencia, mas abominación para el pecador es la piedad para con Dios.
26 Si apeteces sabiduría, guarda los mandamientos, y el Señor te la dispensará.
27 Pues sabiduría y enseñanza es el temor del Señor; su complacencia, la fidelidad y mansedumbre.
28 No seas indócil al temor del Señor, ni te acerques a él con corazón partido.
29 No seas hipócrita delante de los hombres, pon guardia a tus labios.
30 No te exaltes a ti mismo, para no caer y acarrearte deshonra, porque el Señor revelaría tus secretos y en medio de la asamblea te echaría por tierra, por no haberte llegado al temor del Señor, porque tu corazón está lleno de fraude.
Reflexión del capítulo 1
El capítulo primero sostiene todo el libro con una convicción: la sabiduría no nace de nosotros, viene del Señor y con él permanece. Ben Sirá la rodea de imágenes de inmensidad —cuánta arena cabe en el mar o cuántas gotas en la lluvia, cuán alto está el firmamento, cuán ancha es la tierra y cuán hondo el abismo— para dejar claro que desborda toda medida humana. Solo uno es sabio: el que está sentado en su trono. Él la creó, la contempló, la derramó sobre todas sus obras y la dispensa a quienes le aman.
A esa sabiduría se accede por una puerta concreta, que el capítulo repite como un estribillo: el temor del Señor. No es miedo servil, sino reverencia filial que recrea el corazón, da contento y largos días, hace florecer la paz y llena la casa de bienes deseables. Es una sabiduría que se aprende desde el seno materno, junto con la fe, y que se mantiene fielmente en el linaje.
Siguen consejos muy prácticos. Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos; sé paciente, porque al que aguanta se le brinda el contento. No te acerques a Dios con una lealtad dividida, ni aparentes ante los demás lo que no vives en tu interior. Vigila tus palabras y no te enaltezcas, no sea que caigas y te ganes el desprecio ajeno, porque el Señor descubre lo oculto y humilla al soberbio que no ha aprendido a respetarlo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pide hoy la sabiduría en la oración, sabiendo que es don antes que conquista. Elige una decisión pendiente y tómala buscando la voluntad de Dios, no solo tu conveniencia. Revisa si le hablas con corazón partido, con una fe de apariencia que no llega a la vida. Y practica el silencio oportuno: guarda tus labios antes de juzgar o de presumir.
Oración
Señor, fuente de toda sabiduría, dame tu temor santo y un corazón entero. Que no sea hipócrita ni me exalte ante los demás, sino humilde, sincero y fiel a tus mandamientos. Guarda mis labios y mi corazón. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
Compartir
Enlace copiado