Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 49 de 52Capítulo 49
1 La memoria de Josías es mixtura de incienso preparado por arte de perfumista. En toda boca es dulce como miel, como música en medio de un banquete.
2 El llevó a buen fin la conversión del pueblo, y extirpó la abominación de la iniquidad.
3 Enderezó su corazón hacia el Señor, en los días de los impíos reafirmó la piedad.
4 Fuera de David, Ezequías y Josías, todos abundaron en sus culpas. Porque abandonaron la ley del Altísimo, los reyes de Judá fueron abandonados.
5 Pues entregaron a otros su cuerno, y su gloria a una nación extraña.
6 Prendieron fuego a la elegida ciudad del santuario, dejaron desiertas sus calles,
7 según la palabra de Jeremías, a quien habían maltratado, a él, consagrado profeta desde el vientre de su madre, para extirpar , destruir y perder y también para construir y plantar .
8 Ezequiel tuvo la visión de la gloria que Dios le manifestó en el carro de Querubines,
9 porque se acordó de los enemigos en la tempestad, y favoreció a los que seguían el camino derecho.
10 Cuanto a los doce profetas, que sus huesos reflorezcan en su tumba. Porque ellos consolaron a Jacob, y lo rescataron por la fidelidad y la esperanza.
11 ¿Cómo celebraremos a Zorobabel? ¡Fue él como sello en la mano derecha,
12 así como Josué hijo de Josedec! Ellos en sus días construyeron la Casa y levantaron el Templo consagrado al Señor, destinado a una gloria eterna.
13 También de Nehemías es grande la memoria, él, que nos levantó las murallas en ruinas, puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras moradas.
14 Nadie fue creado en la tierra igual a Henoc, pues él fue arrebatado de la tierra.
15 Ni como José nació hombre alguno, el guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; sus huesos fueron visitados.
16 Sem y Set fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de toda criatura viviente está Adán.
Reflexión del capítulo 49
El capítulo cuadragesimonoveno es breve y repasa las últimas figuras del elogio de los antepasados. Comienza con Josías, cuya memoria es como mixtura de incienso preparado, dulce como miel en toda boca: él condujo al pueblo hasta la conversión completa, extirpó la abominación de la iniquidad y volvió su corazón hacia el Señor, y lo hizo nada menos que en días de impiedad. Es un ejemplo de que la fidelidad no depende del ambiente, sino de la decisión personal.
El sabio reconoce con tristeza que, fuera de David, Ezequías y Josías, los reyes de Judá abundaron en culpas y abandonaron la ley del Altísimo. Por eso la ciudad elegida fue incendiada y sus calles quedaron desiertas, según la palabra de Jeremías. Junto a él menciona a Ezequiel, que tuvo la visión de la gloria de Dios en el carro de los querubines, y a los doce profetas, de quienes pide que sus huesos reflorezcan, porque consolaron a Jacob.
El capítulo cierra con los reconstructores: Zorobabel y Josué hijo de Josedec, que levantaron el Templo destinado a una gloria eterna, y Nehemías, que levantó las murallas en ruinas y reconstruyó las moradas. Y termina con una mirada a los orígenes: nadie fue creado igual a Henoc, ni nació hombre como José, apoyo de su pueblo; y por encima de todo ser vivo sobresale Adán.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Como Josías, no esperes que tu ambiente sea favorable para ser fiel: decide hoy hacer lo correcto aunque nadie te acompañe. Y agradece a los profetas y a los que te han consolado en la fe. Si has heredado una casa espiritual en ruinas, pon tu parte para reconstruirla, aunque parezca poco. Y no te desanimes si el resultado tarda.
Oración
Señor, dame la valentía de Josías para ser fiel aunque el ambiente no me acompañe, y la perseverancia de los que reconstruyeron tu casa. Que no olvide a quienes me consolaron en la fe y que yo sepa consolar a otros. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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