Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 32 de 52Capítulo 32
1 ¿Te han nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas.
2 Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona.
3 Habla, anciano, que te está bien, pero con discreción y sin estorbar la música.
4 Durante la audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a destiempo.
5 Sello de carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de un banquete.
6 Sello de esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino delicioso.
7 Habla, joven, si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta.
8 Resume tu discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9 Entre grandes no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en hablar.
10 Al trueno se adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la gracia.
11 Llegada la hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.
12 Allí, diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras insolentes.
13 Y por todo esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes.
14 El que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor.
15 El que busca la ley se llena de ella, al hipócrita le sirve de tropiezo.
16 Los que temen al Señor son justificados, hacen brillar sus buenas acciones como luz.
17 El pecador rehúye la reprensión, según su voluntad encuentra excusa.
18 El varón de consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se encogen de miedo.
19 Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones.
20 Por caminos escabrosos no vayas, y no tropezarás en piedras.
21 No te confies en camino inexplorado,
22 y de tus hijos guárdate.
23 En todos tus actos vela sobre ti, que esto es también guardar los mandamientos.
24 El que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza en el Señor no sufre daño.
Reflexión del capítulo 32
El capítulo trigésimosegundo continúa el tema del banquete, pero lo eleva a una lección sobre la modestia y el buen consejo. Ben Sirá imagina a un hombre nombrado presidente de una mesa y le dice: no te des importancia y compórtate como un comensal más. La autoridad bien entendida es servicio, no exhibición.
Sus consejos sobre el hablar son de una finura admirable. Al anciano le dice que hable con discreción y sin estorbar la música; al joven, que hable solo si es necesario, dos veces a lo sumo, y que resuma mucho en poco. Y añade una imagen preciosa: el relámpago se adelanta al trueno, así la gracia antecede al modesto.
La segunda mitad cambia de tono y se vuelve instrucción espiritual. El que respeta al Señor acepta la corrección; quien se adentra en la Ley queda saciado de su enseñanza; el pecador, en cambio, rehúye la reprensión y encuentra excusas. De ahí un consejo muy práctico: no hagas nada sin consejo, no camines por sendas escabrosas ni te confíes en camino inexplorado, y en todos tus actos vela sobre ti, porque eso es también guardar los mandamientos. Quien se apoya en el Señor no sale perjudicado.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando hoy tengas que dirigir algo —una reunión, una comida, una tarea— hazlo sirviendo a los demás y sin hacerte notar. Habla poco y bien, y deja hablar a los mayores. Y antes de una decisión importante, pide consejo a alguien prudente en vez de fiarte solo de tu criterio. Y agradece a quien te aconseja bien, aunque no te diga lo que querías oír.
Oración
Señor, dame un corazón modesto que sirva sin buscar aplausos y que sepa hablar poco y bien. Enséñame a pedir consejo y a aceptar la corrección, y que ponga siempre mi confianza en ti. Guarda mis pasos. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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