Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 8

1 No disputes con hombre poderoso, no sea que caigas en sus manos.

2 No discutas con hombre rico, no sea que te venza con su peso. Porque a muchos perdió el oro, hasta los corazones de los reyes descarrió.

3 No disputes con hombre charlatán, no eches más leña a su fuego.

4 No bromees con el ineducado, para que tus mayores no queden en deshonra.

5 No reproches al hombre que se vuelve del pecado, recuerda que culpables somos todos.

6 No deshonres al hombre en su vejez, que entre nosotros también se llega a viejos.

7 No te alegres de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos.

8 No dedeñes lo que narran los sabios, vuelve a menudo a sus proverbios, que de ellos aprenderás doctrina y el modo de servir a los grandes.

9 No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres; pues de ellos aprenderás prudencia y a dar respuesta en el momento justo.

10 No enciendas los carbones del pecador, no sea que te abrases en el fuego de su llama.

11 No te encares con el insolente, para que no sea como trampa tendida a tu boca.

12 No prestes al que puede más que tú; si prestas, dalo por perdido.

13 No salgas fiador por encima de tus medios; si lo haces, date por deudor.

14 No entres en pleito con un juez, que por su dignidad fallarán en su favor.

15 Con el osado no te pongas en camino, para que no te agote, pues él procederá a su antojo, y por su locura te perderás con él.

16 Con el colérico no entres en pelea, ni te adentres con él en el desierto, porque a sus ojos nada es la sangre, y donde no haya quien te auxilie se echará sobre ti.

17 No le pidas consejo al insensato, pues no podrá mantenerlo en silencio.

18 Delante de un extraño no hagas cosa secreta, pues no sabes qué inventará después.

19 No abras tu corazón a todo el mundo, pues no te han de compensar con gracia alguna.

Reflexión del capítulo 8

El capítulo octavo es un manual de prudencia. Su hilo conductor es la advertencia de no medir fuerzas con quien nos supera y de no entregar el corazón sin discernimiento. Ben Sirá aconseja no disputar con el poderoso, ni con el rico, ni con el charlatán, ni con el inculto, y no entrar en pleito con un juez, porque la balanza se inclina del lado del que tiene más peso.

No se trata de cobardía, sino de realismo. El sabio sabe que el oro ha descarriado a muchos y que la compañía equivocada arrastra: el colérico no respeta la vida, el osado procede a su antojo, el insolente tiende trampas. De ahí sus consejos sobre el dinero —no prestar a quien puede más, no salir fiador por encima de las propias fuerzas— y sobre la discreción: no pedir consejo al necio, no hacer cosa secreta delante de un extraño, no abrir el corazón a todo el mundo.

Pero el capítulo tiene también un rostro amable. Prohíbe reprochar al que se convierte del pecado, recordando que culpables somos todos; prohíbe deshonrar al anciano y alegrarse de la muerte de nadie. Y recomienda volver a los proverbios de los sabios y escuchar a los viejos, que aprendieron de sus padres, porque de ellos se aprende prudencia y la respuesta oportuna. La discreción del sabio no es desconfianza, sino cuidado del bien propio y ajeno.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Antes de discutir hoy, pregúntate si el asunto te incumbe y si estás en condiciones de ganarlo sin daño. No prestes lo que no puedas perder ni te comprometas como fiador más allá de tus medios. Escucha a un mayor o a una persona con experiencia antes de decidir. Y guarda para los íntimos lo que no debe andar de boca en boca.

Oración

Señor, dame la prudencia del que conoce sus límites y no se mete donde puede caer. Enséñame a escuchar a los sabios y a los ancianos, a no despreciar al que se arrepiente y a guardar mi corazón con discreción. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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