Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 1

1 Muchas e importantes lecciones se nos han transmitido

2 por la Ley, los Profetas y los otros que les han seguido,

3 por las cuales bien se debe encomiar a Israel por su instrucción y sabiduría.

4 Mas como es razón que no sólo los lectores se hagan sabios,

5 sino que puedan también estos amigos del saber ser útiles a los de fuera,

6 tanto de palabra como por escrito,

7 mi abuelo Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura

8 de la Ley,

9 los Profetas

10 y los otros libros de los antepasados,

11 y haber adquirido un gran dominio en ellos,

12 se propuso también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría,

13 con ánimo de que los amigos del saber, lo aceptaran

14 y progresaran más todavía en la vida según la Ley.

15 Estáis, pues, invitados

16 a leerlo

17 con benevolencia y atención,

18 así como a mostrar indulgencia

19 allí donde se crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación,

20 no hemos podido acertar en alguna expresión.

21 Pues no tienen la misma fuerza

22 las cosas expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua.

23 Cosa que no sucede sólo en esto,

24 sino que también la misma Ley, los Profetas,

25 y los otros libros

26 presentan no pequeña diferencia respecto de lo que dice el original.

27 Fue, pues, en el año treinta y ocho del rey Evergetes

28 cuando, después de venir a Egipto y residir allí,

29 encontré una obra de no pequeña enseñanza,

30 y juzgué muy necesario aportar yo también algún interés y esfuerzo para traducir este libro.

31 Mucha vigilia y ciencia he puesto en juego

32 durante este período,

33 hasta llegar a buen término y publicar el libro

34 para uso de aquellos que, en el extranjero, quieren ser amigos del saber,

35 y conformar sus costumbres a una vida de acuerdo con la Ley.

Reflexión del capítulo 1

El capítulo primero sostiene todo el libro con una convicción: la sabiduría no nace de nosotros, viene del Señor y con él permanece. Ben Sirá la rodea de imágenes de inmensidad —cuánta arena cabe en el mar o cuántas gotas en la lluvia, cuán alto está el firmamento, cuán ancha es la tierra y cuán hondo el abismo— para dejar claro que desborda toda medida humana. Solo uno es sabio: el que está sentado en su trono. Él la creó, la contempló, la derramó sobre todas sus obras y la dispensa a quienes le aman.

A esa sabiduría se accede por una puerta concreta, que el capítulo repite como un estribillo: el temor del Señor. No es miedo servil, sino reverencia filial que recrea el corazón, da contento y largos días, hace florecer la paz y llena la casa de bienes deseables. Es una sabiduría que se aprende desde el seno materno, junto con la fe, y que se mantiene fielmente en el linaje.

Siguen consejos muy prácticos. Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos; sé paciente, porque al que aguanta se le brinda el contento. No te acerques a Dios con una lealtad dividida, ni aparentes ante los demás lo que no vives en tu interior. Vigila tus palabras y no te enaltezcas, no sea que caigas y te ganes el desprecio ajeno, porque el Señor descubre lo oculto y humilla al soberbio que no ha aprendido a respetarlo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Pide hoy la sabiduría en la oración, sabiendo que es don antes que conquista. Elige una decisión pendiente y tómala buscando la voluntad de Dios, no solo tu conveniencia. Revisa si le hablas con corazón partido, con una fe de apariencia que no llega a la vida. Y practica el silencio oportuno: guarda tus labios antes de juzgar o de presumir.

Oración

Señor, fuente de toda sabiduría, dame tu temor santo y un corazón entero. Que no sea hipócrita ni me exalte ante los demás, sino humilde, sincero y fiel a tus mandamientos. Guarda mis labios y mi corazón. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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