Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 40 de 52Capítulo 40
1 Grandes trabajos han sido creados para todo hombre, un yugo pesado hay sobre los hijos de Adán, desde el día que salieron del vientre de su madre, hasta el día del retorno a la madre de todo.
2 Sus reflexiones, el miedo de su corazón es la idea del futuro, el día de la muerte.
3 Desde el que está sentado en un trono glorioso, hasta el que en tierra y ceniza está humillado,
4 desde el que lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre de tela grosera, sólo furor, envidia, turbación, inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y discordia.
5 A la hora del descanso en la cama, el sueño de la noche altera el conocimiento.
6 Poco, casi nada, reposa, y ya en sueños, como en día de guardia, se ve turbado por las visiones de su corazón, como el que ha huído ante el combate.
7 A la hora de su turno se despierta, sorprendido de su vano temor.
8 Para toda carne, del hombre hasta la bestia, mas para los pecadores siete veces más:
9 Muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.
10 Contra los sin ley fue creado todo esto, y por su culpa se produjo el diluvio.
11 Todo cuanto de tierra viene, a tierra vuelve, y cuanto de agua, en el mar desemboca.
12 Todo don e injusticia serán aventados, más la fidelidad subsistirá por siempre.
13 Las riquezas de los injustos se esfumarán como un torrente, como un gran trueno que en tormenta estalla.
14 Cuando él abre las manos, se contenta, así los transgresores desaparecerán por completo.
15 Los vástagos de los impíos no tienen muchas ramas, las raíces impuras sólo hallan piedra áspera.
16 Caña que brota en toda agua o borde de río será arrancada antes que toda hierba.
17 La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre.
18 La vida del que se basta a sí mismo y del obrero es dulce, pero más que ambos el que encuentra un tesoro.
19 Los hijos y la fundación de una ciudad perpetúan el nombre, pero más que ambas cosas es estimada la mujer intachable.
20 El vino y la música ponen contento el corazón, pero más que ambas cosas el amor a la sabiduría.
21 La flauta y el salterio hacen el canto suave, pero más que ambas cosas la lengua dulce.
22 Gracia y belleza el ojo anhela, pero más que ambas cosas el verdor del sembrado.
23 Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero más que ambos la mujer con el marido.
24 Amigos y socorro para el tiempo de tribulación, pero más que ambos salva la limosna.
25 Oro y plata hacen el paso firme, pero más que ambos se estima el consejo.
26 La riqueza y la fuerza realzan el corazón, pero más que las dos, el temor del Señor. En el temor del Señor no existe mengua, con él no hay ya por qué buscar ayuda.
27 El temor del Señor como un paraíso de bendición, protege él más que toda gloria.
28 Hijo, no lleves una vida de mendicidad, que más vale morir que mendigar.
29 Hombre que mira a la mesa de otro no merece el nombre de vida su existencia. Con comida ajena mancha su boca, pero el hombre instruido y educado de ello se guardará.
30 En la boca del descarado la mendicidad resulta dulce, pero en su vientre es un fuego que abrasa.
Reflexión del capítulo 40
El capítulo cuadragésimo mira de frente la fatiga de la condición humana. Ben Sirá afirma que la vida del hombre está llena de fatigas, una carga abrumadora que pesa sobre los descendientes de Adán desde que nacen hasta que vuelven a la tierra. Y no distingue entre ricos y pobres: tanto el que está sentado en un trono como el que vive humillado en la ceniza conocen el furor, la envidia y el miedo a la muerte.
Para los pecadores, dice, la carga es siete veces mayor, y enumera la muerte, la sangre, la espada, el hambre y la tribulación. Todo cuanto viene de la tierra vuelve a la tierra, y las riquezas de los injustos se esfuman como un torrente. Solo la fidelidad subsiste para siempre, y la limosna permanece.
La segunda parte es una serie de comparaciones que descubren lo que de verdad vale. El vino y la música alegran el ánimo, pero la búsqueda de la sabiduría los supera; los amigos que socorren en la prueba son un bien, pero la limosna salva aún más; el dinero da seguridad, pero el buen consejo vale más; y el poder y los recursos levantan el ánimo, aunque por encima de ellos está el respeto al Señor. El sabio cierra con un consejo muy humano: no lleves una vida de mendicidad, porque más vale morir que mendigar.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Acepta hoy la fatiga como parte de la vida y ofrécela a Dios, sin quejarte de lo que te toca. Y elige bien dónde pones tu seguridad: busca el temor del Señor y el buen consejo más que el dinero. No te acostumbres a vivir de lo ajeno: trabaja y agradece lo que ganas con tus manos. Hazlo hoy con alegría.
Oración
Señor, te ofrezco la fatiga de este día y las preocupaciones que me quitan el sueño. Enséñame a valorar tu temor por encima de todo, a trabajar con dignidad y a socorrer a quien lo necesita. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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