Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 44 de 52Capítulo 44
1 Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión.
2 Grandes glorias que creó el Señor, grandezas desde tiempos antiguos.
3 Hubo soberanos en sus reinos, hombres renombrados por su poderío, consejeros por su inteligencia, vaticinadores de oráculos en sus profecías,
4 guías del pueblo por sus consejos, por su inteligencia de la literatura popular, - sabias palabras había en su instrucción -
5 inventores de melodías musicales, compositores de escritos poéticos,
6 hombres ricos bien provistos de fuerza, viviendo en paz en sus moradas.
7 Todos estos fueron honrados en su generación, objeto de gloria fueron en sus días.
8 Hubo entre ellos quienes dejaron nombre, para que se hablara de ellos con elogio.
9 De otros no ha quedado recuerdo, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron cual si a ser no llegaran, así como sus hijos después de ellos.
10 Mas de otro modo estos hombres de bien, cuyas acciones justas no han quedado en olvido.
11 Con su linaje permanece una rica herencia, su posteridad.
12 En las alianzas se mantuvo su linaje, y sus hijos gracias a ellos.
13 Para siempre permanece su linaje, y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones.
15 Su sabiduría comentarán los pueblos, su elogio lo publicará la asamblea.
16 Henoc agradó al Señor, y fue arrebatado, ejemplo de penitencia para las generaciones.
17 Perfectamente justo Noé fue hallado, en el tiempo de la ira se hizo reconciliación. Gracias a él tuvo un resto la tierra, cuando llegó el diluvio.
18 Alianzas eternas fueron con él pactadas, para que no fuera ya aniquilada por el diluvio toda carne.
19 Abraham, padre insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en gloria.
20 El guardó la ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su carne grabó la alianza, y en la prueba fue hallado fiel.
21 Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.
22 A Isaac le aseguró lo mismo, en gracia a su padre Abraham.
23 La bendición de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en la cabeza de Jacob. Le confirmó en sus bendiciones, y le otorgó su herencia. El dividió sus partes y las repartió entre las doce tribus.
Reflexión del capítulo 44
El capítulo cuadragesimocuarto abre la gran galería de los antepasados, que ocupa siete capítulos y es una de las cumbres del libro. Ben Sirá quiere hacer el elogio de los hombres ilustres, de los padres según su sucesión, y empieza describiendo los distintos modos de ser grande: soberanos, consejeros, profetas, sabios, músicos, poetas, hombres ricos que vivían en paz.
Pero el sabio observa con realismo que hay dos memorias. Algunos dejaron tras de sí una fama que se recuerda con admiración; de otros no queda ni rastro, y pasaron por el mundo como si nunca hubieran vivido. Y frente a ambos están los justos cuyas obras buenas no se borran: su herencia permanece en su descendencia, su nombre se repite de generación en generación y las naciones comentarán su sabiduría.
La segunda parte recorre los primeros eslabones de la historia de la salvación. Henoc agradó al Señor y fue arrebatado; Noé fue hallado justo y sirvió de expiación en el tiempo de la cólera, y por él quedó un resto sobre la tierra. Después Abraham, padre ilustre de un gran número de pueblos, que observó la enseñanza del Altísimo y fue probado y hallado fiel, y a quien Dios juró que en su descendencia serían bendecidas todas las naciones. Y tras él Isaac y Jacob, en quien reposó la bendición de todos los hombres.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Reza hoy por tus antepasados y agradece a quienes te transmitieron la fe, aunque ya no estén. Piensa en la memoria que dejas: más vale un nombre honrado que una vida sin testigos. Y si tienes hijos o sobrinos, transmíteles algo que valga: una oración, una historia de familia, un ejemplo de fidelidad. Y da gracias a Dios por ellos hoy.
Oración
Señor, gracias por quienes me transmitieron la fe y por los que me precedieron en el camino. Hazme digno de su memoria y dame el deseo de dejar a los míos un ejemplo de fidelidad y de amor a ti. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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