Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 31 de 52Capítulo 31
1 El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.
2 Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.
3 Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.
4 Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.
5 El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.
6 Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.
7 Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.
8 Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.
9 ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.
12 ¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»
13 Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.
14 Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él.
15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.
16 Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso.
17 Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.
18 Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.
19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella.
20 A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.
21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.
22 Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.
23 Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme.
24 Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.
25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.
27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?
28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.
30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.
31 En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.
Reflexión del capítulo 31
El capítulo trigésimoprimero tiene dos partes muy distintas: una sobre la riqueza y otra sobre la mesa y el vino. Ben Sirá empieza describiendo con exactitud el precio del dinero: el insomnio que consume las carnes, el afán del rico por juntar y del pobre por subsistir. Y sentencia que el afán de oro nunca deja limpia la conciencia, porque a muchos les costó la ruina.
Pero el sabio no condena la riqueza en sí. Felicita al rico que fue hallado intachable, al que no se fue tras el oro y supo resistir la prueba: su hacienda quedará firme y su nombre será alabado en la reunión de los suyos. La cuestión no es tener, sino cómo se ha obtenido y cómo se usa.
La segunda parte es un manual de educación en la mesa. No abras las fauces sobre el plato ni te muestres glotón; termina el primero por educación; mide a los demás con la misma medida que usas contigo mismo; y sé moderado en todo, porque al insaciable le esperan insomnio y cólicos. Sobre el vino, el sabio es equilibrado: es la vida del hombre si se bebe con medida, pero la embriaguez acrecienta el furor del insensato y provoca las heridas. Y cierra con una norma de caridad: en el banquete no reproches a tu prójimo ni le molestes reclamándole dinero.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina hoy tu relación con el dinero: ¿te quita el sueño, te hace avaro o te vuelve injusto? Úsalo con generosidad y sin ansiedad. Y en la mesa, sé moderado y educado: come y bebe con medida, sin excesos que dañen tu cuerpo. Si tienes invitados, no los avergüences ni les reproches nada delante de otros. Hazlo con sencillez y alegría.
Oración
Señor, líbrame de la avaricia y del desorden en la mesa. Enséñame a usar los bienes con generosidad, a comer y beber con medida, y a tratar a mis invitados con respeto y caridad, sin avergonzar a nadie. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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