Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 10

1 El juez sabio adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada.

2 Según el juez del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes.

3 El rey sin instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia de los dirigentes.

4 En manos del Señor está el gobierno de la tierra, a su tiempo suscita para ella al que conviene.

5 En manos del Señor el recto camino del hombre, él pone su gloria en el escriba.

6 Sea cual fuere su agravio, no guardes rencor al prójimo, y no hagas nada en un arrebato de violencia.

7 Odioso es al Señor y a los hombres el orgullo, para ambos es un yerro la injusticia.

8 La soberanía pasa de una nación a otra, por las injusticias, las violencias y el dinero.

9 ¿Por qué se enorgullece el que es tierra y ceniza? ¡si ya en vida es su vientre podredumbre!

10 La larga enfermedad deja perplejo al médico, y el que hoy es rey fenecerá mañana.

11 Y cuando un hombre muere, recibe como herencia reptiles, fieras y gusanos.

12 El comienzo del orgullo del hombre es alejarse del Señor, cuando de su Hacedor se apartó su corazón.

13 Que el comienzo del orgullo es el pecado, el que se agarra a él vierte abominación. Por eso les dio el Señor asombrosos castigos, y les abatió hasta aniquilarlos.

14 Los tronos de los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos.

15 Las raíces de los orgullosos las arrancó el Señor, y en su lugar plantó a los humildes.

16 Las comarcas de las naciones las arrasó el Señor, y las destruyó hasta los cimientos de la tierra.

17 Tomó algunos de ellos y los destruyó, y borró de la tierra su recuerdo.

18 No se ha hecho para los hombres el orgullo, ni el furor de la ira para los nacidos de mujer.

19 ¿Qué raza es honorable? La del hombre. ¿Qué raza es honorable? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La del hombre. ¿Qué raza es despreciable? Los que violan sus mandatos.

20 En medio de sus hermanos es honorable el jefe, y los que temen al Señor, a los ojos de él.

22 Sean ricos, llenos de gloria o pobres, su orgullo es el temor del Señor.

23 No es justo despreciar al pobre inteligente, ni procede glorificar al pecador.

24 Grande, juez y poderoso reciben honores, mas no hay mayor entre ellos que el que teme al Señor.

25 Al siervo sabio los hombres libres sirven, y el hombre de saber no lo critica.

26 No te hagas el sabio cuando cumples tu obra, no te gloríes en el momento de tu aprieto.

27 Más vale el que trabaja y le sobra de todo que el que anda gloriándose y carece de pan.

28 Hijo, gloríate con moderación, y estímate en lo que vales.

29 Al que peca contra sí mismo, ¿quién le justificará? ¿quién apreciará al que desprecia su vida?

30 El pobre es honrado por su saber, y el rico lo es por su riqueza.

31 Quien es estimado en la pobreza, ¡cuánto más en la riqueza! quien es despreciado en la riqueza, ¡cuánto más en la pobreza!

Reflexión del capítulo 10

El capítulo décimo es una meditación sobre el poder y el orgullo. Ben Sirá comienza mirando a los que gobiernan: el juez sabio instruye a su pueblo, el rey sin instrucción lo arruina, y los ministros se parecen al que los manda. Pero enseguida pone las cosas en su sitio: el gobierno de la tierra está en manos del Señor, que suscita a su tiempo al que conviene. Los dirigentes son instrumentos, no dueños.

El resto del capítulo es un ataque frontal a la soberbia. El sabio se pregunta por qué se da aires quien no es más que barro y polvo, cuando ya en esta vida lleva dentro la corrupción; el que hoy es rey, mañana fenece. Y señala la raíz del mal: el orgullo empieza cuando el corazón se aparta de su Hacedor, y de ahí nace el pecado. Frente a eso, la historia habla: el Señor volteó tronos, arrancó de raíz a los orgullosos y plantó en su lugar a los humildes.

El capítulo termina con un criterio de valor que no depende del dinero: sean ricos o pobres, la honra verdadera es el temor del Señor. El siervo sabio merece más que el necio encumbrado, y el que se estima en lo que vale sin vanagloriarse es más digno que el que presume y no tiene pan. La gloria humana se mide con otra medida.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy examina cómo ejerces la autoridad que tienes —en casa, en el trabajo, con quien depende de ti— y hazlo con justicia, sin humillar a nadie. Reconoce ante Dios una soberbia concreta que te cuesta admitir. Y trata con el mismo respeto al que tiene menos que tú, recordando que la dignidad no la da el dinero. Hazlo hoy con valentía y humildad.

Oración

Señor, líbrame del orgullo que me aparta de ti. Enséñame a ejercer con justicia la autoridad que me has confiado y a no despreciar a nadie por su pobreza. Que mi única gloria sea tu temor. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

Compartir

Enlace copiado