Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 2 de 52Capítulo 2
1 Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
2 Endereza tu corazón, manténte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad.
3 Adhiérete a él, no te separes, para que seas exaltado en tus postrimerías.
4 Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente.
5 Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el honor de la humillación.
6 Confíate a él, y él, a su vez, te cuidará, endereza tus caminos y espera en él.
7 Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia, y no os desviéis, para no caer.
8 Los que teméis al Señor, confiaos a él, y no os faltará la recompensa.
9 Los que teméis al Señor, esperad bienes, contento eterno y misericordia.
10 Mirad a las generaciones de antaño y ved: ¿Quién se confió al Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado? ¿Quién le invocó y fue desatendido?
11 Que el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la tribulación.
12 ¡Ay de los corazones flacos y las manos caídas, del pecador que va por senda doble!
13 ¡Ay del corazón caído, que no tiene confianza! por eso no será protegido.
14 ¡Ay de vosotros que perdisteis el aguante! ¿Qué vais a hacer cuando el Señor os visite?
15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras, los que le aman guardan sus caminos.
16 Los que temen al Señor buscan su agrado, los que le aman quedan llenos de su Ley.
17 Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan.
18 Caeremos en manos del Señor y no en manos de los hombres, pues como es su grandeza, tal su misericordia.
Reflexión del capítulo 2
Hay páginas de la Escritura que consuelan y páginas que preparan. Esta es de las que preparan. Ben Sirá empieza con una advertencia que desmiente toda religión de comodidad: quien decide servir al Señor debe disponer su alma para la prueba. La fe no es un seguro contra el dolor, sino una manera de atravesarlo.
El capítulo traza luego el camino del que resiste: enderezar el corazón, mantenerse firme, no precipitarse en la hora adversa, adherirse a Dios sin separarse, aceptar lo que sobrevenga y ser paciente en la humillación. La imagen es la del oro que se purifica en el fuego: la prueba no destruye al justo, lo depura. Y la orden es clara: confiarse, esperar, no desviarse.
Después el sabio mira hacia atrás, a las generaciones antiguas, y lanza tres preguntas que son un argumento: ¿quién se confió al Señor y quedó defraudado?, ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, ¿quién le invocó y no fue escuchado? La memoria de los padres sostiene la esperanza de los hijos.
El capítulo termina con una advertencia severa contra el corazón flojo y la senda doble, y con una frase de abandono confiado: es mejor caer en manos del Señor, cuya misericordia es grande, que en manos de los hombres.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Identifica hoy la prueba que estás atravesando y no huyas de ella: nómbrala ante Dios y pídele firmeza para no desviarte. Evita las decisiones tomadas con prisa y con miedo. Busca a alguien que haya atravesado algo semejante y escucha cómo perseveró. Y repite con calma, a lo largo del día, que la misericordia de Dios es más grande que tu debilidad.
Oración
Señor, cuando llegue la prueba, dame un corazón firme y confiado. Que no te busque solo en los días fáciles ni me aleje en la adversidad. Purifica mi fe como el fuego purifica el oro, y no me dejes caer en la senda doble. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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