Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 12

1 Si haces el bien, mira a quién lo haces, y por tus beneficios recibirás favor.

2 Haz bien al piadoso; hallarás recompensa, si no de él, al menos del Altísimo.

3 No habrá bienes para el que en mal persiste, ni para quien no agradece la limosna.

4 Da al hombre piadoso, y del pecador no te cuides.

5 Haz bien al humilde y no des al impío; niégale su pan, no se lo des, para que no llegue con ello a dominarte. Pues un mal duplicado encontrarías por todos los bienes que le hubieres hecho.

6 Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza.

7 Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides.

8 No se demuestra en la prosperidad el amigo, ni queda oculto en la adversidad el enemigo.

9 Cuando hay prosperidad, los enemigos se entristecen, mas en la adversidad, hasta el amigo se aleja.

10 No confíes jamás en tu enemigo, que cual bronce roñoso, así es su maldad.

11 Aunque se haga el humilde y camine encorvado, mira por ti mismo y guárdate de él. Pórtate con él como el que pule un espejo, sábete que no retendrá hasta el fin su roña.

12 No le pongas junto a ti, no sea que se te revuelva y suplante tu puesto. No le sientes a tu diestra, no sea que tu asiento pretenda, y que al fin comprendas mis palabras, y te pese al recordar mis consejos.

13 ¿Quién se compadecerá del encantador mordido de serpiente y de todos los que se acercan a las fieras?

14 Lo mismo le ocurre al que convive con el pecador y comparte sus pecados.

15 Una hora aguantará contigo, mas si te desmandas, no lo soportará.

16 En sus labios pone dulzura el enemigo, mas en su corazón trama arrojarte a la fosa. En sus ojos lagrimea el enemigo, mas si topa ocasión, no se verá harto de tu sangre.

17 Si los males te visitan, primero que tú le encontrarás allí, fingiendo ayurdarte te agarrará el talón.

18 Meneará su cabeza, batirá palmas, cuchicheará mucho y mudará de cara.

Reflexión del capítulo 12

El capítulo duodécimo responde a una pregunta que el mismo libro se plantea: ¿a quién hay que hacer el bien? Ben Sirá no cae en un optimismo ingenuo. Recomienda hacer el bien al piadoso, al humilde, al hombre de bien, y no derrochar beneficios con quien solo busca aprovecharse, porque hay favores que se vuelven cadenas y hay bienes que uno acaba pagando dos veces.

Detrás de esta advertencia hay una observación sobre la amistad y la enemistad que conviene escuchar con atención: cuando todo sonríe no se sabe quién es amigo de verdad, y cuando llega la desgracia se descubre al que no lo era. Cuando todo va bien, los enemigos se entristecen; cuando llega el mal, hasta el amigo se aleja. El sabio lo dice sin amargura, como quien describe el terreno para que no tropecemos.

Su retrato del enemigo es de una viveza extraordinaria: pone dulzura en los labios mientras trama en el corazón; lagrimea con los ojos y, si encuentra ocasión, no se sacia; si los males te visitan, llega antes que tú, finge ayudarte y te agarra el talón. Por eso aconseja no confiar en él, no sentarlo a la diestra ni ponerlo junto a sí, y recordar que quien convive con el pecador comparte sus pecados.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy elige bien a quién ayudas: no te sientas obligado a sostener a quien te usa, pero no dejes de hacer el bien a quien lo necesita de verdad. Observa con calma quién permanece a tu lado cuando las cosas van mal y quién solo aparece en la abundancia. Y si tienes un enemigo, no te vuelvas como él: pide por él sin entregarle tu confianza.

Oración

Señor, dame un corazón generoso y a la vez prudente, que haga el bien sin dejarse manipular. Enséñame a distinguir al amigo fiel del que solo busca su provecho, y a no responder al mal con el mal. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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