Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 5

1 En tus riquezas no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.»

2 No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón.

3 No digas: «¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará.

4 No digas: «Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente.

5 Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado.

6 No digas: «Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor.

7 No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo.

8 No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad.

9 No avientes a cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de lengua doble).

10 Manténte firme en tu pensamiento, y sea una tu palabra.

11 Sé pronto en escuchar, y tardo en responder.

12 Si sabes alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca.

13 Gloria y deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina.

14 Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble.

15 Ni en lo grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.

Reflexión del capítulo 5

El capítulo quinto es un examen de conciencia sobre dos presunciones que arruinan al creyente: la del que se apoya en sus riquezas y la del que abusa de la paciencia de Dios.

Ben Sirá desmonta primero la falsa seguridad del dinero. Apoyarse en las riquezas, decir que ya se tiene bastante, dejarse arrastrar por el propio deseo y por la propia fuerza: todo eso es construir sobre arena. Y con más fuerza aún rechaza la soberbia del que pregunta quién puede dominarle, como si nadie tuviera autoridad sobre su vida.

Después ataca una tentación más sutil, que también nos alcanza: la de pecar y tranquilizarse pensando que Dios es paciente, que su compasión es grande y que perdonará igualmente. El sabio no niega la misericordia; advierte que junto a ella está la justicia, y que no se puede acumular pecado sobre pecado contando con el perdón. De ahí su llamada urgente a no demorar la vuelta al Señor, porque la vida no es nuestra y el tiempo no espera.

El capítulo termina con consejos sobre la lengua: no dejarse llevar por cualquier viento, ser pronto para escuchar y tardo para responder, hablar si se sabe algo y callar si no. En el hablar caben gloria y deshonra, y en la lengua está la propia ruina. La lengua doble merece una condena particular.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa hoy en qué estás poniendo tu seguridad: ¿en el dinero, en la salud, en tu propia fuerza? Nombra esa falsa confianza y ponla ante Dios. No aplaces una conversión que sabes pendiente: da hoy el primer paso. Y practica el escuchar: en tu próxima conversación, deja que el otro termine antes de responder. Y no te compares con quien aparenta más.

Oración

Señor, líbrame de confiar en lo que no salva y de abusar de tu paciencia. Enséñame a volver a ti sin demora y a no presumir de tu perdón. Pon guardia en mi lengua, para que escuche mucho y hable con verdad. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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