Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 15 de 52Capítulo 15
1 Así hace el que teme al Señor, el que abraza la Ley logra sabiduría.
2 Como una madre le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa virgen.
3 Le alimenta con pan de inteligencia, el agua de la sabiduría le da a beber.
4 Se apoya él en ella y no se dobla, a ella se adhiere y no queda confundido.
5 Ella le exalta por encima de sus prójimos, en medio de la asamblea le abre la boca.
6 Contento y corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia recibe.
7 Jamás la lograrán los insensatos, los pecadores nunca la verán.
8 Lejos está del orgullo, los mentirosos no se acuerdan de ella.
9 No cabe la alabanza en boca del pecador, porque no le viene del Señor.
10 Que en la sabiduría se expresa la alabanza, y el Señor la guía por buen camino.
11 No digas: «Por el Señor me he apartado», que lo que él destesta, no lo hace.
12 No digas: «El me ha extraviado», pues él no ha menester del pecador.
13 Toda abominación odia el Señor, tampoco la aman los que le temen a él.
14 El fue quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío.
15 Si tú quieres, guardarás los mandamientos, para permanecer fiel a su beneplácito.
16 El te ha puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano.
17 Ante los hombres la vida está y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dará.
18 Que grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder, todo lo ve.
19 Sus ojos están sobre los que le temen, él conoce todas las obras del hombre.
20 A nadie ha mandado ser impío, a nadie ha dado licencia de pecar.
Reflexión del capítulo 15
El capítulo decimoquinto es uno de los textos más claros de toda la Escritura sobre la libertad humana. Ben Sirá presenta primero a la sabiduría con rasgos maternos y nupciales: sale al encuentro del que teme al Señor como una madre, lo acoge como a una esposa joven, lo alimenta con el pan de la inteligencia y le da a beber el agua de la sabiduría. Quien se apoya en ella no se dobla, y recibe en herencia un nombre eterno.
Pero esa sabiduría no se impone. El capítulo rechaza con firmeza toda excusa: no se puede decir que Dios nos apartó del bien ni que él nos extravió, porque él no necesita del pecador. Y añade la afirmación decisiva: al principio Dios hizo al hombre y lo dejó en manos de su propio albedrío; delante de él puso fuego y agua, la vida y la muerte, para que cada cual extienda la mano hacia lo que prefiera.
Es una página que honra la dignidad humana y a la vez la hace responsable. Dios no fuerza la voluntad: respeta tanto al hombre que le deja elegir, y luego lo mira, conoce todas sus obras y no ha mandado a nadie ser impío ni le ha dado licencia de pecar. La libertad no es un adorno, es el lugar donde se juega el amor, porque solo es libre quien puede decir no.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Deja hoy de culpar a Dios, a la suerte o a los demás de tus decisiones: reconoce ante él la parte que te toca. Elige conscientemente el bien en una situación concreta, aunque cueste, sabiendo que la libertad es tu mayor dignidad. Y pide la sabiduría como quien pide un pan necesario, no como un adorno opcional. Hazlo con constancia.
Oración
Señor, gracias por haberme hecho libre y por no forzar mi corazón. Dame la sabiduría que me enseña a elegir el bien, y no permitas que use mi libertad para alejarme de ti. Enséñame a usarla bien. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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