Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 42 de 52Capítulo 42
1 Pero de lo que sigue no te avergüences, y no peques por tener acepción de personas:
2 de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,
3 de contar con compañero de viaje, de dar la herencia a compañeros,
4 de la exactitud de balanzas y pesas, de obtener grandes y pequeñas ganancias,
5 de provecho en la venta a comerciantes, de la copiosa instrucción de los hijos, de ensangrentar las costillas de un mal siervo.
6 Con mujer mala es bueno usar el sello, y, donde hay muchas manos, echa la llave.
7 Lo que entregues, hazlo con cuenta y medida, el haber y el debe, sea todo por escrito.
8 No te avergüences de enseñar al tonto y al necio, y al viejo acabado juzgado como joven. Serás entonces de verdad educado, y estimado de todo viviente.
9 Una hija es para el padre un secreto desvelo, aleja el sueño la inquietud por ella. En su juventud, miedo a que se le pase la edad, si está casada, a que sea aborrecida.
10 Cuando virgen, no sea mancillada y en la casa paterna quede encinta. Cuando casada, a que sea infiel, cohabitando, a que sea estéril.
11 Sobre la hija desenvuelta refuerza la vigilancia, no sea que te haga la irrisión de tus enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y ante el vulgo espeso te avergüence.
12 De ningún hombre te quedes mirando la belleza, y entre mujeres no te sientes.
13 Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.
14 Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio.
15 Voy a evocar las obras del Señor, lo que tengo visto contaré. Por las palabras del Señor fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.
16 El sol mira a todo iluminándolo, de la gloria del Señor está llena su obra.
17 No son capaces los Santos del Señor de contar todas sus maravillas, que firmemente estableció el Señor omnipotente, para que en su gloria el universo subsistiera.
18 El sondea el abismo y el corazón humano, y sus secretos cálculos penetra. Pues el Altísimo todo saber conoce, y fija sus ojos en las señales de los tiempos.
19 Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas secretas.
20 No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.
21 Las grandezas de su sabiduría las puso en orden, porque él es antes de la eternidad y por la eternidad; nada le ha sido añadido ni quitado, y de ningún consejero necesita.
22 ¡Qué amables son todas sus obras!: como una centella hay que contemplarlas.
23 Todo esto vive y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece.
24 Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha hecho deficiente.
25 Cada cosa afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria?
Reflexión del capítulo 42
El capítulo cuadragesimosegundo tiene dos mitades. La primera continúa la lista del capítulo anterior, pero en positivo: ahora el sabio enumera aquello de lo que NO hay que avergonzarse. No hay que ruborizarse de cumplir la enseñanza del Altísimo y de serle fiel, ni de administrar justicia con rectitud, ni de educar a los hijos o de corregir a un mal siervo. La vergüenza mal entendida, dice, hace pecar; la que nace de la verdad educa.
En medio de estos consejos hay páginas difíciles sobre la hija y sobre la mujer, marcadas por el mundo antiguo, y conviene leerlas sabiendo que la revelación fue progresiva. El sabio habla con la mentalidad de su tiempo. El Evangelio proclamará después la igual dignidad del hombre y de la mujer, y la Iglesia lee estas páginas a la luz de Cristo.
La segunda mitad es muy distinta: es un canto a las obras de Dios. El sabio quiere evocar lo que ha visto: las obras del Señor hechas por su palabra, el sol que ilumina todo, el universo lleno de su gloria. Y reconoce que los santos no son capaces de contar todas sus maravillas, porque Dios escruta las profundidades y conoce el interior del hombre, y nada se le oculta. El capítulo termina con una frase que resume su mirada creyente: todas las cosas las hizo por parejas, cada una con su pareja, y ninguna salió defectuosa.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
No te avergüences hoy de lo que es bueno: de defender la verdad, de llevar tus cuentas con honradez o de corregir con cariño a quien lo necesita. Si tienes responsabilidades sobre alguien, cuídalas con diligencia y sin exceso de control. Y contempla las obras de Dios en la creación: deja que su grandeza te devuelva la confianza. Hazlo hoy con paz.
Oración
Señor, líbrame de la falsa vergüenza que me impide hacer el bien, y dame valentía para defender la verdad. Que admire tus obras en la creación y confíe en tu providencia, sabiendo que nada hiciste deficiente. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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