Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 35 de 52Capítulo 35
1 Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión.
2 Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.
3 Apartarse del mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.
4 No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento.
5 La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.
6 El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará.
7 Con ojo generoso glorifica al Señor, y no escatimes las primicias de tus manos.
8 En todos tus dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos.
9 Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios.
10 Porque el Señor sabe pagar, y te devolverá siete veces más.
11 No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto.
12 Porque el Señor es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie.
13 No hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.
14 No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento.
15 Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las provocó?
16 Quien sirve de buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes.
17 La oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela él.
18 Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta el juicio.
19 Y el Señor no se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia,
20 hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las naciones,
21 haber extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos,
22 hasta no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus intenciones,
23 haber hecho justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia.
24 Grata es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de sequía.
Reflexión del capítulo 35
El capítulo trigésimoquinto enseña qué culto agrada a Dios, y lo hace invirtiendo la lógica de la religión puramente exterior. Ben Sirá empieza afirmando que cumplir la Ley equivale a multiplicar las ofrendas, que obedecer los mandamientos vale como un sacrificio de comunión, que devolver un favor es una oblación y que socorrer al pobre es ofrecer un sacrificio de alabanza. No desprecia el culto: lo sitúa en su verdad, que es la vida entera ofrecida a Dios.
De ahí su consejo: no comparescas ante el Señor sin llevar nada; glorifícalo con corazón generoso y no regatees las primicias de tu trabajo. Pero el sabio advierte también que no se puede corromper a Dios con presentes ni apoyarse en un sacrificio injusto, porque él es juez y no hace acepción de personas.
La parte más hermosa es la que habla de la oración de los humildes. Dios no desoye el ruego del que no tiene padre ni el llanto de la que ha enviudado; ese llanto suyo llega hasta lo alto. Y la oración del humilde atraviesa las nubes y no desiste hasta que el Señor vuelve los ojos y hace justicia. El capítulo cierra con una sentencia llena de consuelo: la misericordia, en la hora de la prueba, es tan bienvenida como la lluvia en tiempo de sequía.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Convierte hoy tu día en ofrenda: obedece a Dios en lo pequeño, devuelve un favor que debes y haz una limosna, aunque sea modesta. No vayas a la oración con las manos vacías ni con un corazón que oprime a alguien. Y si estás sufriendo, insiste en la oración como el humilde del capítulo: no desistas hasta que Dios vuelva sus ojos.
Oración
Señor, que mi vida entera sea una ofrenda agradable a tus ojos: la limosna, la obediencia y el perdón valen más que cualquier sacrificio vacío. Escucha la oración de los humildes y hazme misericordioso con quien sufre. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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