Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 45

1 Hizo salir de él un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios y por los hombres, Moisés, cuya memoria está envuelta en bendiciones.

2 Le hizo en gloria comparable a los santos, le engrandeció para temor de los enemigos.

3 Por su palabra puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los reyes; le dio para su pueblo mandamientos, y le mostró algo de su gloria.

4 En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne.

5 Le hizo oír su voz, y le introdujo en la calígine; cara a cara le dio los mandamientos, la ley de vida y de saber, para enseñar a Jacob su alianza, y sus decretos a Israel.

6 Exaltó a Aarón, un santo semejante a éste, su hermano, de la tribu de Leví.

7 Le afirmó como alianza eterna, y le dio el sacerdocio del pueblo. Le hizo feliz con su espléndido ornamento, le ciño de gloriosa vestidura.

8 Le vistió de honor perfecto, y le confirmó con insignias de poder, calzones, túnica y efod.

9 Le puso alrededor granadas, y campanillas de oro, bien de ellas todo en torno, para que tintinearan al andar y resonaran bien por todo el Templo, como memorial para los hijos de su pueblo;

10 y vestimenta sacra, de oro y de jacinto y de púrpura, obra de bordador, y pectoral del juicio, el Urim y el Tummim, hilado de escarlata, obra de artista;

11 piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, para memorial por la escritura grabada, según el número de las tribus de Israel;

12 corona de oro por encima de la tiara, inscripción del sello de consagración, prestigio de honor, obra magnífica, delicia de los ojos este adorno.

13 Galanuras no hubo tales antes de él, y jamás se las vistió extranjero, sino sólo sus hijos, sus vástagos por siempre.

14 Sus sacrificios se consumían totalmente dos veces al día sin interrupción.

15 Llenó Moisés sus manos, le ungió con óleo santo. Fue ello para él alianza eterna, y para su linaje cuanto dure el cielo, para presidir el culto, ejercer el sacerdocio y bendecir a su pueblo en nombre del Señor.

16 Le eligió entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y el aroma en memorial, y hacer expiación por el pueblo.

17 Le dio, por sus mandamientos, potestad sobre las prescripciones legales, para enseñar a Jacob sus dictámenes e ilustrar a Israel en su ley.

18 Se confabularon contra él extranjeros y en el desierto tuvieron celos de él, los hombres de Datán y de Abirón, la banda de Coré, llena de ira y de furor.

19 Lo vió el Señor y se irritó, y acabó con ellos en el ardor de su ira. Hizo prodigios contra ellos, devorándolos por el fuego de su llama.

20 Aumentó la gloria de Aarón y le dio una heredad, le otorgó las primicias, sobre todo el pan a saciedad.

21 Por eso comen ellos los sacrificios del Señor, que él le concedió a él y a su linaje.

22 Aunque en la tierra del pueblo no tiene heredad, ni hay en el pueblo parte para él: que «Yo soy tu parte y tu heredad».

23 Pinjás, hijo de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del temor del Señor, y se mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía de su alma resuelta, y obtuvo así el perdón para Israel.

24 Por eso se hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y a su pueblo, para que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo sacerdocio por los siglos.

25 Hubo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá, herencia real de hijo a hijo sólo, mientras la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.

26 Dé Dios sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con justicia, y que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus generaciones.

Reflexión del capítulo 45

El capítulo cuadragesimoquinto continúa la galería de los antepasados y se detiene en cuatro figuras decisivas. La primera es Moisés, el hombre recto que gozaba del favor de todos y era amado tanto por Dios como por los hombres. Dios le hizo escuchar su voz, le introdujo en la nube oscura y le entregó cara a cara los preceptos, la enseñanza que da vida y sabiduría, para que instruyera a Jacob en la fidelidad a la alianza.

Después el sabio se detiene largamente en Aarón, y lo hace con un esplendor casi litúrgico. Describe sus vestiduras: la túnica, el efod, el pectoral del juicio, las piedras preciosas grabadas como sellos, las granadas y campanillas de oro que tintineaban al andar por el Templo. Y recuerda que fue consagrado con óleo santo, con una alianza eterna para presidir el culto, ofrecer el incienso y hacer expiación por el pueblo. Es una página que ayuda a entender la dignidad del sacerdocio.

El capítulo menciona también a Pinjás, tercero en gloria, que ardía de celo por el Señor y permaneció firme, y por eso obtuvo el perdón para Israel y una promesa de paz para su descendencia. Y termina con David, el hijo de Jesé, de la estirpe de Judá, con quien hubo también alianza: una sucesión real que pasa de padre a hijo, mientras el sacerdocio de Aarón se transmite a toda su descendencia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Reza hoy por los sacerdotes y por quienes presiden el culto: su servicio sostiene la fe de muchos, y merecen tu oración y tu respeto. Agradece también a quienes te han guiado en la fe, como Moisés guio al pueblo. Y si tienes alguna responsabilidad en tu comunidad, ejércela con justicia y sin buscar honores. Hazlo con humildad y sin ruido.

Oración

Señor, bendice a los sacerdotes y a todos los que nos guían en la fe. Que ejerzan su servicio con santidad, y que yo sepa sostenerlos con mi oración y vivir con fidelidad lo que ellos me enseñan. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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