Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 43

1 Orgullo de las alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria.

2 El sol apareciendo proclama a su salida: «¡Qué admirable la obra del Altísimo!»

3 En su mediodía reseca la tierra, ante su ardor, ¿quién puede resistir?

4 Se atiza el horno para obras de forja: tres veces más el sol que abrasa las montañas; vapores ardientes despide, ciega los ojos con el brillo de sus rayos.

5 Grande es el Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera.

6 También la luna: sale siempre a su hora, para marcar los tiempos, señal eterna.

7 De la luna procede la señal de las fiestas, astro que mengua, después del plenilunio.

8 Lleva el mes su nombre; crece ella maravillosamente cuando cambia, enseña del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo.

9 Hermosura del cielo es la gloria de las estrellas. orden radiante en las alturas del Señor.

10 Por las palabras del Señor están fijas según su orden. y no aflojan en su puesto de guardia.

11 Mira el arco iris y a su Hacedor bendice, ¡qué bonito en su esplendor!

12 Rodea el cielo con aureola de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.

13 Con su orden precipita la nieve, y fulmina los rayos según su decreto.

14 Por eso se abren sus cilleros, y vuelvan las nubes como pájaros.

15 Con su grandeza hace espesas las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.

16 a su vista se conmueven los montes. A su voluntad sopla el viento del sur,

17 El bramido de su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones.

18 Como pájaros que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo. Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el corazón.

19 El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como pinchos de espinas.

20 El viento frío del norte sopla y se forma el hielo sobre el agua; sobre toda masa de agua se posa, y el agua se reviste como de coraza.

21 Devora los montes, quema el desierto, y consume como fuego el verdor.

22 Como remedio de todo llega presto la niebla, el rocío, después del viento ardiente, devuelve la alegría.

23 Según su designio domeña el abismo, y planta islas en él.

24 Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y de lo que oyen nuestros oídos nos maravillamos.

25 Allí están las cosas raras y maravillosas, variedad de animales, especies de monstruos marinos.

26 Gracias a Dios tiene éxito su mensajero, y por su palabra todo está en su sitio.

27 Muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: «El lo es todo.»

28 ¿Dónde hallar fuerza para glorificarle? ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras!

29 Temible es el Señor, inmensamente grande, maravilloso su poderío.

30 Con vuestra alabanza ensalzad al Señor, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.

31 ¿Quién le ha visto para que pueda describirle? ¿quién puede engrandecerle tal como es?

32 Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto.

33 Porque el Señor lo hizo todo, y dio a los piadosos la sabiduría.

Reflexión del capítulo 43

El capítulo cuadragesimotercero es un gran himno al Creador a través de las obras de la naturaleza, y se cuenta entre las páginas más hermosas del libro. Ben Sirá recorre el firmamento como quien contempla un espectáculo: el cielo en su gloria, el sol que al salir proclama la obra del Altísimo y cuyo ardor nadie puede resistir, la luna que marca los tiempos y las fiestas, la hermosura de las estrellas ordenadas en las alturas.

Después describe los fenómenos con una vivacidad que sorprende: el arco iris que rodea el cielo, la nieve que cae como pájaros, el trueno que hace temblar la tierra, el hielo que cubre el agua como una coraza, el viento del norte que devora los montes, y la niebla y el rocío que llegan como remedio después del calor. Todo lo ha dispuesto Dios según su designio, y hasta el mar con sus monstruos le obedece.

El himno desemboca en la admiración y en el silencio. El sabio reconoce que muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos, y resume todo en una frase: él lo es todo. ¿Quién le ha visto para describirle? Y termina con una humildad muy sabia: mayores que estas quedan ocultas muchas cosas, porque bien poco de sus obras hemos visto. Al final, el Creador de todo da la sabiduría a los piadosos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Sal hoy a mirar el cielo, aunque sea un minuto, y deja que la grandeza de la creación te quite la prisa. Agradece a Dios por el sol, la lluvia, las estrellas y el mar, que no te pertenecen pero te sostienen. Y reconoce con humildad que de sus obras vemos muy poco: eso te librará de creer que lo sabes todo.

Oración

Señor, dueño de la creación, enséñame a admirarte en el cielo, en el mar y en las estrellas. Que la grandeza de tus obras me devuelva la humildad y la confianza, y que nunca deje de agradecerte lo que me das sin merecerlo. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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