Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 33 de 52Capítulo 33
1 Al que teme al Señor ningún mal le sucede, aunque sufra una prueba, se verá librado.
2 El varón sabio no aborrece la ley, mas el que finge observarla es como nave en borrasca.
3 El hombre inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como un oráculo.
4 Prepara tu discurso, y serás así escuchado, concentra tu saber y responde.
5 Rueda de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.
6 Caballo de remonta, así el amigo burlón, bajo todo el que lo monta relincha.
7 ¿Por qué un día es superior a otro, si toda la luz de cada día del año viene del sol?
8 En la mente del Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y fiestas.
9 A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.
10 Así todos los hombres vienen del suelo, de la tierra fue creado Adán.
11 Con su gran sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos.
12 A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto.
13 Como la arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad -, así los hombres en la mano de su Hacedor, que a cada uno da según su juicio.
14 Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida. Así frente al piadoso, el pecador.
15 Fíjate, pues, en todas las obras del Altísimo, dos a dos, una frente a otra.
16 También yo, el último, me he desvelado, como quien racima tras de los viñadores.
17 Por la bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar.
18 Mirad que no para mí solo me he afanado, sino para todos los que buscan la instrucción.
19 Escuchadme, grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído.
20 A hijo y mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti en vida tuya. No des a otros tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.
21 Mientras vivas y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie.
22 Pues es mejor que tus hijos te pidan, que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos.
23 En todas tus obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria.
24 Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.
25 Al asno, forraje, palo y carga, al criado, pan, instrucción y trabajo.
26 Haz trabajar al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la libertad.
27 Yugo y riendas doblegan la cerviz, al mal criado torturas e inquisiciones.
28 Mándale trabajar para que no esté ocioso, que mucho mal enseñó la ociosidad.
29 Ponle trabajo como le corresponde, si no obedece, carga sus pies de grillos.
30 Pero no te sobrepases con nadie, no hagas nada sin equidad.
31 Si tienes un criado, sea como tú, porque con sangre lo adquiriste.
32 Si tienes un criado, trátale como hermano, porque has menester de él como de ti mismo.
33 Si le maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?
Reflexión del capítulo 33
El capítulo trigésimotercero alterna la reflexión sobre la providencia con consejos muy concretos sobre la vida doméstica. Ben Sirá comienza afirmando que a quien vive con reverencia ante Dios no lo alcanza ningún daño, y compara al hipócrita que simula cumplir la ley con una barca sacudida por la tormenta. La confianza del sabio está en la ley de Dios, que para él es digna de fe como un oráculo.
Después el capítulo se detiene en una pregunta que también nos hacemos: ¿por qué unos días valen más que otros, si el sol ilumina a todos por igual? La respuesta es que en la mente del Señor fueron diferenciados. Y de ahí pasa a algo más hondo: todos los hombres vienen del suelo, y como la arcilla está en manos del alfarero, así están ellos en manos de su Hacedor. Al mal le corresponde el bien y a la muerte la vida: Dios lo ha dispuesto todo por parejas.
La última parte es muy práctica. El sabio aconseja no dar a hijo, mujer, hermano o amigo poder sobre uno mismo mientras se vive, ni enajenar los propios bienes, porque es mejor que los hijos pidan a uno que verse uno mirando las manos de los hijos. Y termina con una enseñanza sobre los criados que hoy se lee como llamada a la justicia: hay que darles pan, instrucción y trabajo, no sobrepasarse con nadie y tratarlos como hermanos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Ordena hoy tus asuntos con previsión: no entregues a otros el control de tu vida ni de tus bienes mientras puedas valerte, y deja tus cosas en orden. Si tienes empleados o personas a tu cargo, trátalos con equidad, dales lo justo y no abuses de tu posición: son tan humanos como tú. Y agradece el trabajo que otros hacen por ti.
Oración
Señor, enséñame a confiar en tu providencia y a ordenar mi vida con prudencia. Dame un corazón justo con quienes trabajan para mí, y que nunca abuse de mi posición ni trate a nadie con desprecio. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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