Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 51

1 Quiero darte gracias, Señor, Rey, y alabarte, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias.

2 Pues protector y auxilio has sido para mí, y has rescatado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua insidiosa, de los labios que urden mentira; frente a mis adversarios has sido auxilio y me has rescatado,

3 según la abundancia de tu misericordia y la gloria de tu nombre, de las dentelladas de los dispuestos a devorarme, de la mano de los que buscan mi alma, de las muchas tribulaciones que he sufrido,

4 del ahogo del fuego que me envolvía, de entre el fuego que yo no había encendido,

5 de la hondura de las entrañas del seol, de la lengua impura, de la palabra mentirosa,

6 - calumnia de lengua injusta ante el rey. Cerca de la muerte estaba mi alma, mi vida estaba junto al seol, abajo.

7 Por todas partes me asediaban y no había quien auxiliara, volví los ojos a un apoyo humano y no había ninguno.

8 Entonces me acordé de tu misericordia, Señor, y de tu actuación desde la eternidad, que tú levantas a los que en ti esperan, y los salvas de la mano de enemigos.

9 Y elevé de la tierra mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte.

10 Clamé al Señor, padre de mi Señor: «No me abandones en días de tribulación, en la hora de los orgullosos, cuando no hay socorro. Alabaré tu nombre sin cesar, te cantaré en acción de gracias.»

11 Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste del momento malo.

12 Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.

13 Siendo joven aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en mi oración,

14 a la puerta delante del templo la pedí, y hasta mi último día la andaré buscando.

15 En su flor, como en racimo que madura, se recreó mi corazón. Mi pie avanzó en derechura, desde mi juventud he seguido sus huellas.

16 Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré una gran enseñanza.

17 Gracias a ella he hecho progesos, a quien me dio sabiduría daré gloria.

18 Pues decidí ponerla en práctica, tuve celo por el bien y no quedaré confundido.

19 Mi alma ha luchado por ella, a la práctica de la ley he estado atento, he tendido mis manos a la altura y he llorado mi ignorancia de ella.

20 Hacia ella endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón desde el principio, por eso no quedaré abandonado.

21 Mis entrañas se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición.

22 Me dio el Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré.

23 Acercaos a mí, ignorantes, instalaos en la casa de instrucción.

24 ¿Por qué habéis de decir que estáis privados de ella, cuando vuestras almas tienen tanta sed?

25 He abierto mi boca y he hablado: Adquiridla sin dinero;

26 someted al yugo vuestro cuello, que vuestra alma reciba la instrucción: está ahí a vuestro alcance.

27 Ved con vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado para mí.

28 Participad de la instrucción con una gran suma de dinero, que mucho oro adquiriréis con ella.

29 Que vuestra alma se recree en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su alabanza.

30 Ejecutad vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

Reflexión del capítulo 51

El capítulo quincuagésimoprimero cierra el libro con una oración de acción de gracias y con un himno a la sabiduría, y tiene un tono personal que lo hace especialmente cercano. El sabio comienza dándole gracias al Señor, Rey y Dios salvador, porque ha sido su protector y auxilio: ha rescatado su cuerpo de la perdición y de la lengua insidiosa.

Después cuenta su experiencia con una sinceridad conmovedora. Estaba cerca de la muerte, asediado por todas partes y sin nadie que lo auxiliara; buscó ayuda en los hombres y no encontró ninguna. Entonces se acordó de la misericordia del Señor y elevó su plegaria desde la tierra, y fue escuchado. Es el testimonio de alguien que ha sido salvado y no lo olvida.

La segunda parte es una invitación a buscar la sabiduría, y está llena de imágenes hermosas. Desde joven, antes de ir por el mundo, la buscó abiertamente en la oración; la pidió a la puerta del templo y hasta su último día la andará buscando. Y ahora, ya mayor, llama a los ignorantes: acercaos a mí, adquiridla sin dinero, someted vuestro cuello al yugo, porque él ha penado poco y ha encontrado mucho descanso. El libro se cierra con su firma: sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Da gracias hoy a Dios por una dificultad de la que te sacó, aunque ya la hayas olvidado: nómbrala y agradécele. Y si alguien te pide ayuda para aprender o para crecer en la fe, no lo despidas: comparte lo que sabes sin cobrar por ello. Empieza temprano, como el sabio, y no dejes de buscar la sabiduría. Hazlo con alegría.

Oración

Señor, Rey y Dios salvador, te doy gracias porque me has librado de peligros que ni recuerdo. Enséñame a buscar tu sabiduría desde temprano y a compartirla sin interés, para que otros encuentren en ti el descanso que yo he encontrado. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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