Eclesiástico

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos

Sir

Capítulo 24

1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se gloría.

2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se gloría.

3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra.

4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube.

5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos paseé.

6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio.

7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme.

8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel."

9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré.

10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he afirmado,

11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder.

12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte del Hermón.

14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado.

15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda.

16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de gloria y de gracia.

17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza.

19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos.

20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que panal de miel.

21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me beben sienten todavía sed.

22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se ejercitan, no llegan a pecar.»

23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob;

25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días de frutos nuevos;

26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en días de cosecha;

27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de vendimia.

28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el último la ha descubierto aún.

29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más que el gran abismo.

30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale,

31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar.

32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer.

33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos.

34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan.

Reflexión del capítulo 24

El capítulo vigesimocuarto es la página central del libro y una de las más bellas del Antiguo Testamento. La sabiduría toma la palabra en primera persona y se presenta ante su pueblo. Dice que salió de la boca del Altísimo y cubrió la tierra como niebla, que levantó su tienda en las alturas y recorrió el cielo y los abismos, hasta que el Creador del universo le dio orden de poner su tienda en Jacob.

Después se describe con imágenes tomadas de la tierra de la promesa: cedro del Líbano, ciprés del Hermón, palmera de Engadí, rosal de Jericó, olivo de la llanura, cinamomo y mirra de aroma exquisito. Es una presencia que da sombra, perfume y fruto, y que invita a todos: los que la comen sienten todavía hambre de ella, los que la beben siguen teniendo sed, y nadie que la obedezca queda avergonzado.

El himno se identifica al final con la Ley que Moisés prescribió a las asambleas de Jacob, y compara su sabiduría con ríos caudalosos que desbordan inteligencia. El sabio habla de sí mismo como de un canal derivado de un río, que riega su huerto y acaba convertido en mar, y confiesa el sentido de su esfuerzo: no se ha fatigado solo para sí, sino para todos los que la buscan. La Iglesia leyó esta página como anuncio de Cristo, sabiduría de Dios, y la aplicó también a María.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Acude hoy a la sabiduría que viene de Dios y deja que te sacie: dedica un rato a leer y meditar la Escritura, no solo a informarte. Que tu vida dé sombra y perfume a los que te rodean: sé hospitalario, sereno y servicial. Y trabaja sin encerrarte en ti mismo, sabiendo que lo que aprendes y recibes está destinado también a los demás. Que no te falte generosidad.

Oración

Señor, tú que eres la sabiduría que sale de tu boca, sacia mi hambre y mi sed de ti. Que mi vida dé buen olor y buena sombra a los que me rodean, y que lo que recibo lo comparta con los demás. Amén.

Acerca del libro de Eclesiástico

El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.

El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.

Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.

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