Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 30 de 52Capítulo 30
1 El que ama a su hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro.
2 El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará.
3 El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.
4 Murió su padre, y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él.
5 En su vida le mira con contento, y a su muerte no se siente triste.
6 Contra sus enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores.
7 El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
8 Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.
9 Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.
10 No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.
11 No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.
12 Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.
13 Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.
14 Vale más pobre sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo.
15 Salud y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna.
16 Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón.
17 Mejor es la muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente.
18 Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.
19 ¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien persigue el Señor,
20 que mira con sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.
21 No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.
22 La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días.
23 Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió a muchos, y no hay en ella utilidad.
24 Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.
25 Un corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.
Reflexión del capítulo 30
El capítulo trigésimo reúne dos enseñanzas que parecen distintas y que responden a la misma preocupación por la vida bien vivida: la educación de los hijos y el cuidado de la propia salud interior.
Ben Sirá habla primero como un padre que conoce el precio de la indulgencia. Quien ama a su hijo lo corrige, porque el hijo consentido sale libertino como el caballo no domado. Su consejo es firme: no le des libertad en su juventud, doblega su cerviz mientras es joven, enséñale y trabaja en él, para no sufrir amargura por su desvergüenza. No es dureza por gusto, sino previsión.
De ahí el sabio pasa a un tema que sorprende en un libro antiguo: la salud y la alegría valen más que la riqueza. Pobre sano y fuerte es más dichoso que rico lleno de achaques, y una vida amarga puede ser peor que la muerte. Por eso aconseja no entregar el alma a la tristeza ni atormentarse con cavilaciones: la alegría del corazón es la vida del hombre, y la tristeza ha perdido a muchos. Envidia y malhumor acortan los días y traen la vejez antes de tiempo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Si tienes hijos o educas a alguien, no confundas el amor con la permisividad: corrige con firmeza y con cariño, a tiempo. Y cuida hoy tu salud interior: deja de dar vueltas a lo que te angustia, busca un rato de alegría sana y agradece el cuerpo que tienes. No permitas que la tristeza se instale en ti sin resistencia. Hazlo hoy.
Oración
Señor, dame sabiduría para educar a los que me has confiado, con firmeza y con ternura. Guárdame de la tristeza que consume y enséñame a cuidar la salud y la alegría del corazón, sabiendo que son un don tuyo. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
Compartir
Enlace copiado