Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
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Capítulo 9 de 52Capítulo 9
1 No tengas celos de tu propia mujer, para no enseñarle a hacerte mal.
2 No te entregues del todo a tu mujer, no sea que te llegue a dominar.
3 No vayas al encuentro de una mujer prostituta, no sea que caigas en sus redes.
4 Con cantadora no frecuentes el trato, para no quedar prendido en sus enredos.
5 No te quedes mirando a doncella, para que no incurras en su propio castigo.
6 A prostitutas no te entregues, para no perder tu herencia.
7 No andes fisgando por los calles de la ciudad, ni divagues por sus sitios solitarios.
8 Aparta tu ojo de mujer hermosa, no te quedes mirando la belleza ajena. Por la belleza de la mujer se perdieron muchos, junto a ella el amor se inflama como fuego.
9 Junto a mujer casada no te sientes jamás, a la mesa con ella no te huelgues con vino, para que tu corazón no se desvíe hacia ella y en tu ímpetu te deslices a la ruina.
10 No abandones a un viejo amigo, porque el nuevo no le iguala. Vino nuevo, amigo nuevo, cuando sea añejo, con placer lo beberás.
11 No envidies la gloria del pecador, pues no sabes cómo se le volverá la fortuna.
12 No asientas al éxito de los impíos, recuerda que no quedarán hasta el seol impunes.
13 Ponte lejos del hombre que es capaz de matar, y no experimentarás miedo a la muerte. Si te acercas a él, no te descuides, para que no te quite la vida. Date cuenta de que pasas entre lazos y que caminas sobre el muro de la ciudad.
14 Cuando puedas acude a tu prójimo, y con los sabios aconséjate.
15 Con los inteligentes ten conversación, y tus charlas versen sobre la Ley del Altísimo.
16 Varones justos sean tus comensales, y en el temor del Señor esté tu orgullo.
17 Por la mano del artista la obra es alabada, y el jefe del pueblo aparece sabio en su palabra.
18 Temible en su ciudad el hombre charlatán, el desmedido por su lenguaje se hace odioso.
Reflexión del capítulo 9
El capítulo noveno habla del deseo, de la mirada y de la compañía, y lo hace con una franqueza que puede incomodar al lector de hoy. Ben Sirá advierte sobre los celos que enseñan a hacer daño, sobre la entrega total a la propia esposa hasta quedar dominado, y sobre los pasos que llevan a la ruina: frecuentar a la prostituta, dejarse prender por la cantadora, detenerse a mirar la belleza ajena, andar fisgando por las calles.
Su enseñanza de fondo es que el deseo no se gobierna solo: se gobierna por los ojos y por las compañías. Por eso aconseja apartar la mirada, no sentarse a la mesa de una mujer casada ni alegrarse con el vino junto a ella, y ponerse lejos del hombre violento, porque quien se acerca a él camina entre lazos. No es una moral de sospecha, sino una pedagogía del límite: hay umbrales que no conviene cruzar.
En medio de estas advertencias, el sabio deja dos consejos luminosos. No deseches al amigo de muchos años, pues el recién llegado no está a su altura: como el vino añejo, solo con el tiempo se saborea. Y busca la conversación de los inteligentes y de los justos, para que en tus palabras resuene siempre la enseñanza del Altísimo, porque la compañía que elegimos acaba modelando lo que somos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuida hoy tus ojos y tus compañías: evita los lugares y las conversaciones que sabes que te debilitan. Si una amistad antigua se ha enfriado, escríbele o llámale y renuévala. Y busca una conversación que te eleve: un rato con alguien que vive cerca de Dios, hablando de cosas que valen la pena. Pide al Señor un corazón limpio y agradecido.
Oración
Señor, guarda mis ojos y mi corazón, para que no me deje arrastrar por lo que después me hará daño. Dame amigos fieles y conversaciones que me acerquen a ti. Y que sepa apartarme a tiempo de lo que pone en peligro mi alma. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
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