Eclesiástico
Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1402 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 29 de 52Capítulo 29
1 Quien hace misericordia, presta al prójimo, quien le apoya con su mano, guarda los mandamientos.
2 Presta a tu prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al prójimo.
3 Mantén tu palabra y ten confianza en él, y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.
4 Muchos consideran el préstamo como una ganga, y a los que les han socorrido causan sinsabores.
5 Hasta que no recibe, besa las manos de su prójimo, y ante su dinero humilla la voz; pero al tiempo de la restitución da largas, responde con palabras negligentes y echa la culpa a las circustancias.
6 Si puede, el otro recibirá apenas la mitad, y aun lo tendrá como una ganga. Si no, se quedará sin su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un enemigo, que le devolverá maldiciones e injurias y le dará, en vez de gloria, vilipendio.
7 Muchos, sin malicia, vuelven las espaldas, pues temen ser despojados sin necesidad.
8 Pero con el humilde muéstrate paciente, y a tu limosna no des largas.
9 En atención al mandamiento, acoge al indigente, según su necesidad no le despidas vacío.
10 Gasta dinero por el hermano y el amigo, que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas.
11 Coloca tu tesoro según los mandamientos del Altísimo, y te dará provecho más que el oro.
12 Encierra la limosna en tus graneros, ella te preservará de todo mal.
13 Mejor que recio escudo y que pesada lanza frente al enemigo combatirá por ti.
14 El hombre bueno sale fiador de su prójimo, el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.
15 No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti.
16 El pecador dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al que le ha salvado.
17 La fianza perdió a muchos que iban bien, los sacudió como ola del mar.
18 Echó de su patria a hombres poderosos, que anduvieron errando por naciones extrañas.
19 Pecador que se presta a la fianza buscando especular, incurre en juicio.
20 Acoge al prójimo según tus recursos, y cuida de no caer tú mismo.
21 Lo primero para vivir es agua, pan, vestido, y casa para abrigarse.
22 Más vale vida de pobre bajo techo de tablas que comida suntuosa en casa de extraños.
23 En lo poco y en lo mucho ten buena cara, y no escucharás reproches de tu huésped.
24 Triste vida andar de casa en casa: donde te hospedes no podrás abrir la boca.
25 Hospedarás y darás de beber a desagradecidos, y encima tendrás que oír cosas amargas:
26 «Pasa, huésped, adereza la mesa, si tienes algo a mano, dame de comer.»
27 - «Vete, huésped, cede el puesto a uno más digno, viene a hospedarse mi hermano, necesito la casa.»
28 Duro es para un hombre de sentimiento tal desprecio de la casa, tal insulto propio para un deudor.
Reflexión del capítulo 29
El capítulo vigesimonoveno trata del préstamo, de la limosna y de la fianza, y lo hace con un realismo que mezcla generosidad y prudencia. Ben Sirá empieza con una afirmación sorprendente: socorrer a otro es como prestarle, y sostenerlo con la propia mano es cumplir lo que Dios manda.
Pero el sabio conoce a los hombres y no idealiza. Describe al que pide prestado y besa las manos del que le socorre, y luego, llegada la hora de devolver, da largas y echa la culpa a las circunstancias. El resultado es que muchos han perdido su dinero y además se han ganado un enemigo. De ahí su consejo: con el humilde, sé paciente; al indigente, acógelo según su necesidad y no le despidas vacío; y coloca tu tesoro según los mandamientos, porque la limosna te preservará de todo mal.
El capítulo advierte después contra la fianza: salir fiador ha sacudido a muchos que iban bien y ha echado de su patria a hombres poderosos. Y termina con una mirada sobria sobre lo que de verdad hace falta para vivir: tener qué comer, con qué cubrirse y un techo donde guarecerse. Vale más pasar necesidades bajo un techo humilde que sentarse a un banquete en mesa ajena, y es preferible vivir con poco y con dignidad que andar mendigando de casa en casa.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Si alguien te debe o te ha pedido ayuda, trátalo hoy con paciencia y sin humillarlo: presta lo que puedas perder y no conviertas el favor en reproche. Y revisa tu escala de valores: ¿tienes lo necesario para vivir con dignidad? Agradece lo que tienes para vivir con dignidad, y no arriesgues tu paz por avalar lo que no puedes sostener.
Oración
Señor, hazme generoso con el que me pide y prudente con lo que tengo. Enséñame a socorrer al indigente sin humillarlo, y a contentarme con lo necesario, agradeciendo cada día lo que me das. Amén.
Acerca del libro de Eclesiástico
El Eclesiástico, conocido también como Sirácida o Libro de Ben Sirá, es una de las cumbres de la literatura sapiencial de Israel. Lo escribió Jesús, hijo de Sirá, un maestro judío de Jerusalén que reunió en él la experiencia de una vida entera dedicada a leer la Ley, los Profetas y los escritos de los antepasados. Su nieto lo tradujo al griego en Egipto y dejó al frente un prólogo en el que explica el esfuerzo de trasladar a otra lengua lo que el abuelo había compuesto en hebreo. Ese detalle, recogido en el capítulo 0 de esta edición, es ya una lección: la sabiduría no se improvisa, se hereda y se transmite con paciencia.
El libro nace en un tiempo difícil. Israel vive bajo la presión del helenismo, con la cultura griega penetrando en la lengua, las costumbres y la fe de muchos. Ben Sirá no responde con tratados abstractos, sino con consejos muy concretos: cómo honrar a los padres, cómo elegir a los amigos, cómo usar la palabra, cómo administrar las riquezas, cómo orar, cómo educar a los hijos, cómo comportarse en un banquete. Su sabiduría es la del temor del Señor, entendido no como miedo servil, sino como confianza filial y como decisión libre de escoger el bien. Por eso el libro insiste tanto en la libertad humana: Dios no fuerza a nadie, y el hombre puede inclinarse hacia la vida.
Para la fe católica, el Eclesiástico es una escuela de vida cristiana. La Iglesia lo recibió entre los libros deuterocanónicos y lo empleó desde antiguo en la catequesis. Su gran himno a la Sabiduría, en el capítulo 24, donde ella toma la palabra y confiesa que procede de la boca del Altísimo, fue leído por los Padres como anuncio del Verbo encarnado, y la liturgia lo aplica a Cristo y a María. La alabanza de los antepasados, que ocupa los capítulos 44 al 50, recorre la historia de la salvación desde Enoc hasta el sumo sacerdote Simón y educa la mirada de fe que la carta a los Hebreos dirigirá después a los creyentes. A ello se añade una doctrina muy querida por la tradición: la limosna, la misericordia con el pobre y el perdón del ofendido valen más que cualquier sacrificio.
Compartir
Enlace copiado